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Category Archives: Tele

Gracias a los dioses del Olimpo y a que tengo una buena estrella, el tipejo que apareció en la tele ayer no era yo. Tenía la misma cara de idiota, y era parte de la misma cámara oculta, pero no. Tuve acceso al programa completo y mi humanidad se salvó, al menos por ahora.
Quiero mas buenas noticias, YA!

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Vengo de presenciar lo mas extraño que me ha pasado desde que estoy viviendo en Baires. Pido la hamburguesa queso habitual, y al sentarme a comer, aparece un tipo que se pone en la mesa de enfrente. Viste de shorts y camisa de verano (son las 10 y media de la noche y hay 15 grados). Al rato le llega su bandeja -pedido atrasado-, gruñe por la demora y acto seguido comienza a sacar muchas cosas de una maleta sospechosa. Agenda, carpetas varias, elásticos. Los que estamos cerca de él no podemos sacarle la mirada de encima. Toma su paquete de papas fritas y lo vacía con violencia sobre la bandeja. Algunas caen al suelo, y parece importarle un carajo. Escribe sobre unas hojas que empieza a tirar una por una. A esas alturas, ya estoy prolongando mi estadía allí sólo para ver que número viene a continuación en el espectáculo. Y precisamente mientras termino de pensar en eso, suena su teléfono. Un ruido sacado de recital de Mars Volta y ANIMAL tocando a dúo. Ya todos en el local lo miran como queriendo pedirle que termine con su idiota performance porque se torna desagradable. El clímax viene cuando aprieta “send” y contesta… el tipo graznaba!!!!. Bueno, graznaba, mujía, relinchaba. Ni una sola palabra de un idioma conocido, ni una sola palabra de hecho. Solo interjecciones y ruidos extraños. Algunos de los testigos-comensales que antes miraban con desprecio, ahora lo hacían con agrado, riendo a carcajadas incluso. El, impertérrito continúa su “charla” telefónica, y anota cosas que ya podrían ser perfectamente rayas, puntos y signos gato. Nadie entiende nada. Algunos pensando lo peor, se ponen de pie y salen del lugar; otros -me incluyo- no salimos del asombro. El tipo cuelga y sigue masticando sus papas. No soporto la idea de salir en Show Match mañana a la noche y practicamente huyo del lugar… lo único que me faltaría. Salir con cara de idiota en todo el país.

Cerca de Ezeiza, en un lugar llamado Martínez (algo similar a Pedro Aguirre Cerda, aunque sin hospital abandonado), quedan los estudios de Telepuy, una empresa de Telefé, que a su vez es dueña de Telemundo y otros tantos canales en América.
La introducción es necesaria, puesto que ahí fui la semana pasada para grabar unas promociones de una teleserie que va a emitir Chilevisión. Y ahí fue cómo entre pasillos, estudios calurosos y acentos mexicanos y argentinos, de pronto apareció él: su impronta es indescriptible, quizás porque en sus hombros lleva para el resto de su vida el hecho que es uno de los protagonistas de la infancia de los que tenemos más de treinta. Edgar Vivar. Ñoño, el Señor Barriga, al que el Chavo siempre recibía con un golpe, y al que Don Ramón sólo una vez le pago la renta, estaba delante de mis ojos. Y fue sencillamente impresionante.

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Le cuesta caminar a este hombre de no más de un metro sesenta y cinco. Los kilos de más y un problema en sus rodillas lo tienen mal. Tiene que sentarse al terminar cada escena, a veces sencillamente no va a grabar porque siente que no puede, y cada vez que lo vi fue con un sandwich en la mano.

Nada de esos detalles sin embargo, hizo que mi encuentro con él fuera menos emocionante. No pude evitar ser el primero en saludarlo y decirle lo honrado que me sentía de poder estrechar su mano. Discurso que de seguro ha escuchado miles de veces, pero como no repetirlo una vez más, si a fin de cuentas el y su ¨vecindad¨ acompañaron mis tardes de té helado y marraqueta frente al televisior, con mi madre repitiendo hasta el cansancio que ver tele desde tan cerca iba a dejarme corto de vista…

Edgar Vivar es un tipo sencillísimo, quizás como son las verdaderas estrellas, esas que no necesitan camarín con agua mineral embotellada dos horas antes, ni tina con pétalos de rosas recien cortadas. Tal como llega, saluda, se sienta y nos habla por más de una hora y media, cuando originalmente teníamos sólo diez minutos para hacer las tomas. Un tipazo que decidió seguir trabajando en teatro, cine y teleseries porque sentía que su amor por las artes dramáticas era más grande que la fama que cosechó mientras el Chavo del Ocho existió. Ameno y cordial, me invitó a su casa para seguir la charla. Y cómo no aceptar, si finalmente cuando pase, voy a poder saber más del porqué la infancia de una generación completa fue consagrada a un grupo que lo único que hizo fue mostrarnos con humor, lo que pasa en la casa del lado.

… conocí a Edgar Vivar. Ñoño. Señor Barriga. El Botija. Sencillamente sobrecogedor. Les contaré detalles cuando salga de mi asombro.

Acá decidieron que la mejor manera de sentir más calor era creando la “sensación térmica” medida falaz para un fin no mas evidente que asumir que en esta ciudad, en verano, se pasa mal. Si, consensuemos algo: lo agradable del verano, es que las chicas se ponen faldas cortas, petos ajustados, y algunos modelos que ellas mismas usaron cuando tenían unos 10 años menos (entiéndase por eso poca tela). Pero si metemos todos los factores a una juguera, le damos algunas vueltas y lo servimos, nos damos cuenta que hay más razones para odiar el calor que para adorarlo. Este comentario puede traer cola, porque de vuelta se podría decir: “este ignorante no sabe nada de sol”, o “se nota que es el típico gordito que tiene verguenza de mostrar sus pectorales”, o “apuesto que transpira mucho y eso lo asusta”. Y la verdad es que, salvo lo de los pectorales, los motivos expuestos son bastante ciertos: no se nada de sol, y sólo se que prefiero los dias frios y con sol, la típica mañana de invierno. Así no mas.
Esta reflexión en torno al Sol y sus consecuencias en mi (que en otro capítulo feliz les cuento), hicieron alejarme del tema principal de este post y aún mas del título del mismo. Porque estas lineas estaban dedicadas a hablar sobre mi primer trabajo (sin periodista al lado), para la compañia que represento acá (suena pretencioso, pero no pueden negar que también muy importante).
Es como si hicieran unos cuarenta grados. Voy dentro de un tren, rumbo a Quilmes. Y está raro, porque es un viaje para cubrir lo que menos quería, porque también es de lo que menos sé: fútbol. La sirena sonó, el tren se mueve, una historia mas empieza.

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Quilmes es la típica localidad que vive sólo a costa de lo que más produce, en este caso la cerveza mas consumida de Argentina, y que curiosamente lleva el mismo nombre (trabajo publicitario y de creativos digno de un León de Oro). El asunto es que esa mañana, a poco andar sobre el tren, voy comprendiendo que no es bueno andar solo en una ciudad que no es precisamente un símbolo de la seguridad, que no tiene un tirano tipo Giuliani y planes Tolerancia Cero, ni mucho menos. Estamos en Argentina, y esas cosas sencillamente, no existen. Al rato de subir y luego de unas cuatro o cinco estaciones, la gente empezó a cambiar -no fisicamente, seguían siendo humanos-, la cordialidad se transformó en tensión y en ese momento dije: Chaz!, aquí uno se va a sentar al lado mío y amablemente me va a decir ÿ che, tenés alguna cosita que pueda interesarnos en ese bolso?¨(esta frase las pediría que la leyeran con cierto cantito, una imitación del español argentino). Todo lo que hice fue apretar mas la correa de la mochila con una manos sudadas entre el maldito calor húmedo de Baires y el dejo de preocupación por mi futuro cercano, y de repente sentí una luz, acompañada de una sensación de tranquilidad…el tren para, y sube una pareja de policias. El carro se mueve, los policias hablan con estos señores de mal aspecto, y recuerdo que la ley y el orden acá son sencillamente desastrozas (lean proximamente Historias de Taxi). Y bueno, así las cosas, con un grupete de potenciales asaltantes, sumado a un paranoico muerto de calor (yo), y un tren muy destartalado, aunque tremendamente eficiente, opté por relajarme y hasta decir: “si va a pasar algo, que pase”. Y saben?, parece que encontré la fórmula para que la gente no se fije en uno. Estar atento, muy atento, pero con el grado de indiferencia necesario para que no se den cuenta que estas cagado de susto. A mi me resultó, aunque con el calor que hacía dentro, perfectamente pudo ser una ilusión…no no fue ilusión, la cámara aún está aquí…creo. Voy a buscarla, no la encuentro. Mmm. Cámara?