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Monthly Archives: December 2005

Claro, yo la llevo a visitar los barrios históricos de Buenos Aires, damos vueltas por esas calles pintadas de colores vivos, lleno de tango, turistas, calor!, y ella preocupada de que media hora antes había visto a un viejito atropellado frente al Parque Lezama, el limite entre San Telmo y La Boca. Ya tenía una gran anécdota que contarle a sus amigos en Chile!
Caminamos demasiado buscando el lugar donde el turismo en masa converge para impregnarse de la cultura porteña (los argentinos odian que les digan “bonaerenses”). Lo mejor de todo es que este día era una aventura para los dos. Jamás había ido hasta esos barrios, porque la verdad es que el plan turista-sacando-fotos-a-todo-lo-que-se-mueve, no va, no es, ni irá conmigo por los siglos de los siglos!!!!!. Mucho?.

angryweb

La perla se amurró en el almuerzo.

La jornada había partido algunas horas antes en el restorán Aconcagua, donde pedimos la especialidad de la casa: pollo con arroz. Claro, eso después de unos quince minutos de una indecisión tremenda, porque mi hija no se acostumbra a enfrentar a un garzón y pedirle algo específico. Espera que yo haga ese trabajo por ella, y como trato de evitar fundirla (ojo, trato pero resulta bastante estéril), me quedo callado esperando que tome sus propias decisiones. Comida rica, conversa entretenida y bebidas mediante, nos dispusimos a caminar hasta La Boca, un barrio que en sus orígenes dedicaba sus días al trabajo mercantil recibiendo las cargas de algunos buques menores que ingresaban al Río de La Plata. El calor estaba cerdo pero las ganas de conocer ameritaban el sudor. Ferias libres, batucadas y hasta neumáticos en llamas fueron el panorama con que nos topamos en un sector que de atractivo tiene sólo las calles de adobe y las casas de colores. El resto es simplemente para olvidar. Aguas estancadas, botes que se están desarmando de lo viejos, y grupitos de malacatosos en las esquinas son el lado B de un sector que figura en el 100% de las guías turísticas de la ciudad.

bridgeweb

Juraría que aquí se filmó un video de Nicole.

Como la humedad, el factor que hace que esta ciudad sea un asco en verano, estaba más que alta, tratamos de darnos unas vueltas chiquitas y emprender el regreso. En eso estábamos cuando la mirada de la Carla se pegó en las aguas del río. Eran tan densas que incluso habían neumáticos, ramitas de árboles y cuanta idiotez se pudiera tirar para medir si se hundía o estancaba encima. De ahí en más, sólo fue comprar el agua de rigor y subirse al 152 para volver a San Telmo. Y claro, volver a pasar por el parque Lezama, y ver el cuerpo del viejito (que yo digo que era un pendejo chico), envuelto en bolsas plásticas y esperando que llegara la ambulancia. Y volver a escuchar toda su teoría de qué pudo haberle pasado al señor ese, que por cruzar mal en un paso de cebra quedó irremediablemente bajo las ruedas de un camión con acoplado. Uf!. Si algo aprendí hoy, es que el turismo con menores de 15 es tiempo perdido. Recuérdenlo.

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No puedo evitarlo. Esos días de oscuridad fueron reemplazados por luz. Cómo pensar en que el mundo se acaba cuando tengo a la Carlita ni mas ni menos que en Casaméxico. Saliendo conmigo a recorrer Alcorta para conocer la flor gigante que a no se quien se le ocurrió poner allí; para dar vueltas por Avenida Libertador y dárselas de modelo, o sencillamente para subirse a la micro que nos lleva de vuelta a casa, y encontrarnos que justo ésa la fabrica un tipo que lleva nuestro mismo apellido. Así van las cosas en Baires con esta preciosa chica de 13 que no quiere ser tan alta porque todas sus amigas son enanas. Y ahí figura el imbécil de su padre con un babero a la medida intentando explicarle que ella es “parte de la evolución de la especie”, jajajaja. Ay!. Cómo me hace reir la Carla. Cómo hace que mis últimos días de 2005, se estén convirtiendo por lejos en los mejores de esta aventura que emprendí hace un poco mas de un año. Cómo hace que después de tanto buscar, finalmente sea ella la que me ilumina la vida. Estoy feliz. Y por los próximos 20 días sólo escribiré cosas empalagosas. El que quiera que se sume al juego. Baberos me sobran.

computer

Así que es ahora o nunca. Un tema de Los Tres hecho con webcam y editado en media hora. El insomnio y la ansiedad porque llega mi hija en unas horas más me tienen haciendo cosas indecibles. En fin. Ojalá les guste.
Felicidades!.

Claro, porque desde chico que me decían que si contaba las cosas antes de que pasaran, se podía ir todo a la mierda. Por eso precisamente es que el silencio me invadió. Pero había un motivo. Uno grande. Pollito viene a Baires!!!!. Como lo leen. En una estrategia para alejar a mi hija de las aves carroñeras que pululan en Santiago, los asesores de este catatónico espacio virtual, decidieron en junta extraordinaria, enviar a la joven a los brazos de su padre. Esto además se presenta en una fecha que Occidente celebra festividades religiosas, lo que sirve para acrecentar los lazos entre padre e hijo (que en este caso es hija).

carlau

Hace rato que no estaba tan lleno de felicidad en el cuerpo. Ni se imaginan el precioso regalo de Navidad que llega mañana.

Porque la cara larga, flaco?, -le pregunto a lo lejos al cuidador de autos que trabaja justo bajo mi casa-. Lo apesadumbrado de su rostro normalmente alegre me despertó la incontenible necesidad de acercarme más. Cuando el contacto era inminente, el tradicional saludo con la mano, se transformó en un abrazo lleno de tristeza. “Se murió mi viejo” -me decía con los ojos llenos de lágrimas. “Lo llevaron a la morgue y lo podemos ir a buscar recién mañana, y bueno, estoy trabajando para despejar la cabeza, juntando guita para comprarle unas flores, llevárselas a la mañana y poder conversar con él en su tumba… “. Fue como recibir una patada en el estómago. Venía de comprar algo para comer, y ni siquiera pensando en hacer un acto solidario, me terminé quedando a su lado más tiempo del que jamás habíamos conversado. Nuestras charlas habituales eran sobre el fútbol, las chicas que cruzan por la calle, o alguna anécdota que nos pasa a alguno de los dos durante el día. Esta vez era simplemente estar con alguien que tenía exactamente la misma expresión de indefensión que cualquiera de nosotros el día que Christian murió en Cuidados Intensivos del San Borja, aquella madrugada de Diciembre.

Era un fin de mes caluroso, lleno de trabajo porque ese día estaba inaugurándose el Jamboree Scout en una ciudad cerca de Rancagua, a la que ya le perdí el nombre. El sol quemaba, el sudor era un invitado no deseado, y honestamente las ganas de salir de ahí para volver a Santiago eran exponencialmente altas. Fue un día muy duro. Cables, cámaras, micrófonos, productores histéricos, periodistas egocéntricos y miles de scouts atiborrados de hormonas que sólo buscaban tirarse a quien pasara delante de sus ojos. Sentía que el reloj pasaba lento, que el fin de esa jornada no iba a llegar nunca, quizás anticipando cualquier hecho posterior.

El fin del turno llegó a eso de las 9 de la noche. El resto fue cargar equipos y partir de vuelta al canal, para desarmar, ordenar, y subirse a un taxi que me llevara de vuelta a la casa. Fue Jorge, el jefe del turno, el que se ofreció a acercarme. Eran más de las 12 y no pasaba mucha movilización. Accedí y camino a Maturana, recibí el llamado. Jorge se ofreció gentilmente a llevarme hasta el hospital. Mi cabeza daba vueltas, imaginaba escenas, veía un cuerpo agonizante, se llenaba de dolor y angustia. La incertidumbre es por lejos la peor sensación que podemos sentir lo humanos, y esta vez tenía la comprobación empírica de que así era. Corríamos por la Norte-Sur a más de 150. Quería llegar cuanto antes, creyendo acaso que mi presencia iba a poder solucionar todo el caos que pasaba a sólo unos kilómetros de allí.

Nadie en Urgencias pudo darme un dato certero. Eran más de las doce y media, y corría por un hospital semi vacío, buscando ver alguna cara familiar, algún cuerpo sobre el cual forjar un abrazo y desahogar la pena que hasta ese día parecía imposible que nos tocara a nosotros. Finalmente vi a Pablo a la distancia, corrí y lo apreté con fuerzas y casi arrastrando mi cuerpo tenso, me llevaba a la sección de Intensivas, donde el cuerpo de Christian, mi hermano menor, yacía conectado a mil equipos que hacían todo lo que podían por tenerlo vivo.

Fue una jornada donde los amigos se sucedían en visitas, en donde todos en mi familia contaban retazos de la historia mil veces, un instante en que todos podían decir algo, porque todos habían estado ahí. Yo simplemente apretaba las manos pensando en cómo se salía de una situacion de este tipo. Veía las caras de mis viejos, y quizás ese fue el momento de la lucidez, el instante en que logré reinventarme y tomar el control de todo ese caos. Conversamos con Kako, mi hermano mayor, para mandar a la casa a la Irma y al Nelson, para que se evitaran en algo el dolor de tener que estar allí, recibiendo únicamente reportes médicos, que eran finalmente lo que nos mantenía vinculados con mi hermano. Nadie podía entrar a la sala a verlo, había una prohibición estricta al acceso, quizás queriendo evitar mayores sufrimientos. Pasaban las horas, los cuerpos se veían rígidos y cansados, Todos de alguna manera intentábamos pensar en que las cosas no eran tan graves como parecían, como queriendo escaparse de eso a lo que más tememos. Así pasaban los momentos. Con algunos amigos acostados sobre las bancas del cuarto de espera, y yo con mis hermanos intercambiando miradas y quizás alguna manera de afrontar lo que pudiera pasar. Así fue como cerca de las 7 de la mañana una alarma nos devolvía a la Tierra, una urgencia se presentaba en la sala, y nadie sabía si era nuestro hermano, o alguno de los pacientes con quienes compartía el espacio. Sólo escuchábamos ruidos. Ruidos que unos ojos que lograron escabullir su mirada por una rendija, nos alertaron que era Christian el que estaba siendo atendido. Y ahí, en ese momento pude sentir con más fuerza que nunca, que todos estábamos allí, deseando que nada malo pasara, que todo fuera sólo una sirena idiota que se activaba por alguna manguera que se dobló. Nos tomamos de las manos y sentí el calor, la fuerza, el sudor nervioso que cada uno se traspasaba. Creo que algunos en voz alta y otros en un susurro temeroso, invocábamos alguna divinidad que nos devolviera a nuestro hermano, que lo salvara, que no lo dejara ir, porque a sus 14 años, no era justo que no conociera el amor de una chica, no era justo que no supiera que era salir de la secundaria y convertirse en adulto, que no se enterara de qué se siente afeitarse por primera vez, de qué se siente conocer el mundo más allá del colegio y la casa. Ese día sin embargo, no era para milagros ni salvaciones. Simplemente ese 28 de Diciembre Christian daba un último respiro, y nos decía adiós en esa sala de espera. Las luces fluorescentes del lugar eran aún más tristes con su titilar inconsistente, completando un cuadro de dolor que desde ese día los Ugarte Toledo llevamos en algún lado del corazón.

Probablemente algo de solidario hay en el gesto de esta noche. Al mirar la cara de este cuidador de autos al que ni siquiera le sé el nombre, pude comprender que en los momentos de dolor, los rostros son muy similares entre sí, posiblemente porque esa sea la más grande de las penas. Que a alguien a quien creías que nunca le iba a pasar nada, finalmente le pase algo.

El público sensible al sufrimiento humano debería abstenerse de leer estas líneas. No quiero hacerme responsable de su colapso nervioso, ni mucho menos de la cuenta de su analista.

Uniéndome a la desastroza idea de publicar listas y más listas, a las ya innumerables que existen en las bitácoras personales, es mi deber como ciudadano, volver a la carga con una guía para que usted -amablísimo lector de este cada día más desprestigiado blog-, PUEDA ELEGIR QUE PELICULA NO VER, y así no malgaste su escuálido presupuesto, buscando que hacer para no quedarse en casa.

Antes de acceder al material, permítame introducirlo al porqué de este compromiso comunitario. Precisamente en busca de un ordenamiento mental, y como una forma de abandonar Casaméxico, decidí usar un par de cupones de descuento que tenía para el cine, y bueno, ir al cine, no?. La idea en esta ocasión era poder “internarse” en Cinemark Puerto Madero para despejar la cabeza, sentarme en butacas cómodas -con hoyito para el vaso- y poder acceder a diversión pasajera y no carnal. La cartelera no era muy estimulante que digamos, pero como la idea era escribir algo antes de que estrenen King Kong (el 15), decidí atreverme. Puse cara de rudo, apreté la mandíbula y canjee mis cuponcitos de descuento, que en rigor me permitían ver dos películas por el precio de una. Eso en Buenos Aires significa 2 x $14.50 ($1500 chilenos). Nada despreciable.

La primera es de un director que tiene obras notables. “L.A Confidential” y “Wonder Boys” eran algunas de las cartas de presentación de Curtis Hanson, y quizás eso fue lo que me llevó a ver “In her shoes”, con la exquis…perdón EXQUISITA Cameron Díaz. La historia sin embargo era una soberana lata. Una de las cosas que he aprendido en mis periplos cinematográficos, es que si llegas a una sala donde sólo hay mujeres, la cosa puede resultar perturbadora. Normalmente son historias de amigas que se pelean, y de uno que otro galancete que se mete a dejar alguna cagada. No quiero decir que las mujeres vean sólo porquerías en el cine -no se me malinterprete-. Solo digo que éste tipo de películas son como las de acción con minas tetonas y culos apretados, que los hombres gustamos de ver en ocasiones. Retomo. “En sus zapatos”, trata de dos hermanas que después de algunas complicaciones propias de la convivencia se pelean (ya dije eso, no?). Se separan y cada una empieza a encontrar ciertas cosas que había ido perdiendo en el camino, entre ellas la tolerancia, el respeto y hasta una abuela que creían muerta. Mucha reflexión, mucho personaje querible, mucha poesía (demasiada para mi gusto), y un happy ending frustrado por la explosión que ocurre al final de la película, donde las hermanas mueren calcinadas. No se preocupen, así no termina, pero sí termina con las dos hermanas muertas. Un final tremendamente emotivo. Mucho muy emotivo.

mijita

Tan linda que es. Lástima que se muere al final.

La otra es de Miguel Courtois, se llama “El Lobo”, y cuenta la historia de un policía español que logra infiltrarse en la organización terrorista vasca ETA en la década del 70. La película tiene buen argumento, algunas actuaciones recordables, pero lo que queda dando vueltas es la incapacidad resolutiva de algunos directores. Es un trabajo que podría durar perfectamente una hora y veinte minutos menos, donde sobran planos y diálogos. El mérito es que las secuencias de acción están bastante bien logradas. Pero a prepararse, porque es una película que maneja datos que muchos de nosotros no conocemos y que “El Lobo” no se encarga de resolver. Quizás eso sea un vicio que tenemos la mayoría de nosotros de tanto ver cine gringo, pero como el reflejo condicionado ya existe, eso se transforma en una tara.

explosion

Después de esto, salen los créditos.

El final es simplemente increíble. No se los quiero revelar, pero tiene a dos mujeres de protagonistas, una explosión y muchos cuerpos calcinados. También mucha reflexión, mucho personaje querible, mucha poesía (demasiada para mi gusto), Y bueno que más decir. Sólo que si van a verlas es a su propio riesgo el gastadero de plata. Piénsenlo. Hey!. En serio. Porque yo al menos tenia cuponcitos.

Así estoy siguiendo las elecciones. Mi amigo René se paletió y puso su webcam enfrente de un televisior, donde hace zapping por todos los canales (menos el Mega, que no lo veo por principios morales). Yo además con algunos diarios abiertos, la infaltable música y el sonido del videochat que me permite escuchar perfectamente el proceso eleccionario. Y si. Estoy muy nervioso, ok?

webpage

… solo quiero contarles que mi cumpleaños 31 ya pasó, que nunca lo aviso porque no me gusta el ritual del saludo, que los que saben y no saludan, esos si me duelen un poquito, y que a pesar de eso, muchos quisieron estar conmigo a la distancia en ese cada vez más desagradable día. Los quiero mencionar, porque son tipos que se preocupan de uno, que lo hacen sentir querido, que no nos miran como un numero, no. Para ellos yo soy una persona:

Administradora de Fondos de Pensiones SUMMA BANSANDER
DEREMATE.COM
BANMEDICA ISAPRE
AVID.COM
EBAY.COM
CHICACALIENTE.COM (como me arrepiento de haber prestado mi mail pa esto)

A los particulares que también se gastaron una llamada internacional o que mandaron un mail con un saludito, se les agradece el gesto. Eso sería.

Este es escencialmente un regalo para la Carlita, mi hija. Pero también en un recreo a todos los post medio tristones en que he incurrido últimamente.
Es un videoclip que grabé, edite y postproduje, para la sección Musitronia de TVN, donde los pendejos aparecen creyendose estrellas de la música. Bueno, todos salvo la Carlita que ya es una estrella, obvio.
Si a alguien le interesa la técnica que se usó para grabar el clip (pongan atención a las imágenes), feliz se las cuento por mail.
Una cosa mas. Jotes abstenerse de comentarios en el blog. Estoy armado.

pollitonline

Link: Carlita en Tronia. Vía GoogleVideo

Hubo un momento en mi vida en que decidí dejar de vivir en Santiago. Planifiqué las etapas en que iba a ir cumpliendo mi desligue con la capital y reconozco que fue un 2004 movido. Renuncié al trabajo asalariado que tenia en Chilevisión y volví al régimen del freelance. Di botes en un par de productoras, y una de ésas me ofreció ir a Atenas, en un negocio que le habían logrado vender al Canal 13 con despachos diarios desde allá para marcar presencia de Teletrece en las Juegos Olímpicos. Fui de los privilegiados que vieron ganar a González y Massú, de los alucinados por estar parados en el Partenón y de los intoxicados de comer tanto Subliaki, una especie de empanada con queso de cabra. Casi un mes y medio allá, viviendo poco, trabajando mucho, pero agradecido a rabiar. A la vuelta, pude ver a Cárdenas -probablemente el amor de mi vida- antes de que se fuera también a vivir a otro país, España. Esa fue la última vez que pude reirme con ella, y la última vez también que vi sus preciosos ojos… indefectiblemente mientras hablábamos de sus planes por la península, no pude evitar recordar mis par de días en Madrid -pre y post Atenas- con las reflexiones de un pasajero en tránsito en una ciudad preciosa y que recorrí cuanto pude en las 40 horas que allí estuve.

En Santiago todo igual. Yo y mi cabeza ya pensando en Buenos Aires, imaginando en parte mi vida en el Atlántico, sin cordillera ni Cerro San Cristóbal de referencia. Si recordando las veces que estuve y en que el viento me dejó enamorado del espacio que me iba a recibir a fines de ese año.

En el camino a diciembre me topé con personas que consideraba mis amigos y que de un día para otro decidieron no serlo, porque creyeron que no apoyarlos en unas iniciativas legales que tenían en contra de otra persona, era un acto de deslealtad de mi parte. Además, otro par de personas creyeron también que lo mejor era que saliera de sus vidas por diferencias personales y que puedo entender, porque a fin de cuentas cada uno hace con su vida lo que le plazca. No niego que fueron tiempos en que sentí que me iba de Chile enojado con medio mundo, pero eso no significaba abandonar el sueño por esos temas. Soy de los que creen en el bien superior de una manera saludable y trabajo -aunque a ratos ni lo intento- por lograr ese estado de bienestar.

En medio de bajones, entrega de departamento, venta de muebles, y empaque de recuerdos, llegó un viaje por Chile, trabajo pagado por el Sernatur. La mejor manera de terminar de conocer mi país, antes de empezar a vivir en otro. Viajé desde Iquique hasta casi los inicios del Río Bío Bío. todo a bordo de una camioneta. Un viaje estresante, con un tipo estresante -y estresado-, aunque con Pilauer, la hermana del dueño de una de las productoras en que trabajé. Hicimos buenas migas y hasta hubo un rato en que la miré con ganas de pololearla. Pero como siempre pasa, no era su tipo, estaba enrollada, y nada. Final de historia archiconocida no?.

Termina el viaje y llega la Navidad, y fue rara esa Navidad porque al día siguiente me subía a un avión para dejar a mi gente en Chile. Estuve con mis viejos, abrí regalitos, compartí con mi hija, mis hermanos, mi gente. Hubo lagrimas, apretones y buenos deseos. Pero mi casa ya no era esa casa, así que debía partir, porque tenía maletas pendientes, y un sueño ad portas.

El 24 de madrugada fue escencialmente para armar equipaje. Y digo armar porque casi fue un trabajo de ingeniería. La tarea era cómo meter toda mi vida en 3 maletas. Ballestrazzi me ayudó y yo a cambio le dejé en su casa cuatro cajas con mil cachueros. Abrazos, lágrimas, pucheros en la despedida. Alvarez que me acompaña al aeropuerto y se entera en el counter de toda la plata extra que debía pagar por exceso de peso.
Un beso, un abrazo y Policía Internacional me timbraba el pasaporte. Un avión, un taxi y Casaméxico, la primera experiencia de vivir en serio en otra ciudad. La gente linda de acá, mis ángeles Prantte y Sánchez que me ayudaron a instalarme y hacerme sentir cómodo en un lugar que no lo era precisamente. Sentía que retrocedía, que llegaba a vivir no a una casa, sino a una pieza dentro de una casa. Y es fuerte. Debe ser casi como volver a la casa de los papás, porque tus planes de independencia fallaron. Pero ya estaba allí y ya era lo suficientemente grande como para tener que arreglármelas solito.

A los días y por esas casualidades de la vida, estaba editando mi primer comercial para Argentina. Un cacho de tres meses, pero por el que recibía buena paga. En medio otras cosas más, pero todas con fechas de pago muy lejanas. Mi negocio de corresponsalía de noticias para Chile falla y las lucas para vivir también. Aparecen los gestos solidarios, pero también los problemas de salud, las malas ondas, la nostalgia, la tristeza. Llega un momento en que vivir en Baires es muy complicado, porque me encuentro solo cuando lo que menos quería era estar así. Un amigo me decía en Chile que lo mejor de vivir en esta ciudad es que sí o sí me iba a terminar relacionando con una argentina, cosa que hasta el día de hoy no pasa. O sea, su teoría falló. O mejor dicho, el caballo al que apostó sus lucas (yo), no había llegado ni place en la búsqueda.

Hay un momento sin embargo en que todo empieza a cambiar. Aparece la propuesta de hacer clases en una univesidad, y aparece un trabajo alucinante en una empresa de post producción. Estaba feliz. Estaba empezando a hacer las cosas que quería hacer. Estaba contento, porque veía que esta ciudad afloraba en la manera que me la imaginaba. Generosa, con oportunidades…y así todo perfecto por un buen tiempo. Eso me hizo escribir cosas menos graves y notar que habían personas que se sentían identificadas en cierta forma con eso que un tipo como yo plasmaba en un blog en internet.
Salieron más comerciales, una cita en una website argentina, hasta una frase radial!. Si hasta el desastrozo periplo de mi primera cama me hacia reir. Todo iba bien. Aunque la soledad me estuviera medio carcomiendo.

Decido viajar a Chile, buscando reecontrarme con mis amores. Mis papás, mi hija, mis amigos. Por razones que no sé explicar del todo, puedo decir que en general ir a Santiago fue perder el tiempo con muchas de las personas que visité. Hubo tensión, risas forzadas, medio engañoso todo. Líos escolares y hasta médicos. Me fui de mi país adorando haber podido ver a la Irma y el Nelson, a la Carlita, a mis hermanos (aunque dos de ellos no hayan estado en esos días). Volví al ritual de las maletas y el aeropuerto. Y ésta vez mi papá, el que siempre rehuye de estos momentos, fue el único que me acompañó a Pudahuel. Es probable que nunca vaya a saber todo lo que lo adoré por su gesto, quizás inconsciente, quizás forzado. Pero nunca se me va a olvidar su cara pegada al vidrio de Migraciones con su mano derecha despidiéndose de su hijo. Y así llegó otro avión a mi vida. Y llegó Diciembre. Este primer día del último mes del año en que todo está desordenado en mi vida. Con enredos, penas, algunas inseguridades, y muchas torpezas marcadas en la agenda. Llego al último mes del año escribiendo de mis bajones y agradeciendo a mis padres. Y hoy que este blog cumple 100 entregas venía con algunas palabras bastante más aburridas que esto que están terminando de leer. Este es el resumen de mis casi 365 días en la Capital Federal de esta República. Todavía recuerdo el año nuevo que pasé acá, rodeado por fuegos artificiales, sentado en el borde de una cornisa y tomando sidra con la Paloma y acompañados de un par de bicharracos molestosos. Ese día a las 12 en punto deseaba que mis sueños pudieran seguir cumpliéndose. Y en parte así se han dado las cosas. Sería un malagradecido si no. Sólo que en la raya pa la suma, siento que yo también le quedé debiendo a mis propias convicciones, a mis propios sueños. Pero saben?. No me angustio. Ya viene el 2006, y con eso una nueva oportunidad para estar mejor.