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Monthly Archives: September 2004

Recién ahora que termino mi café con leche y pan con queso, noto que no sé de hora. Porque hasta hace un rato tenía plena conciencia de ella, basicamente por no querer atrasarme para tomar el avión de regreso a Chile…y justamente al pensar en ese olvido (cosa curiosa) es que retrocedo en el tiempo, precisamente con el afán de encontrar algunos visos del porqué de esta especie de amnesia. Y saben?, descubrí que la respuesta la he tenido a mano por mucho tiempo, el asunto es que no he sido lo suficientemente valiente para asumirla.
Mi madre siempre dijo que la memoria no podía fallar. Si le hubiera hecho caso el 10% de las veces tendría un doctorado en Harvard o un Master en Oxford, pero en fin. La verdad no se si mi madre tiene tanta razón al decir eso, solo sé que muchas veces opto por olvidar porque me resulta mas fácil que enfrentar, y si eso me describe como un tipo cobarde, pues muy a pesar mio, bienvenido sea.

Está ruidoso el ambiente. Los carros, las voces, los llamados se suceden cual relámpagos en noche de tormenta. Estoy en Barajas, 20:45. Desperté hace poco de una siesta. Les conté que desperté muy temprano hoy en la mañana?. Pues bien, ese desajuste horario, sumado al poco descanso y hasta a la diferencia horaria (entre Atenas y Madrid, en verano hay 4 horas de diferencia), me tienen convertido en una especie de sonámbulo.
Las únicas certezas son que el ruido es intenso, que la gente pulula, y que una chica grita a mi lado.
Es Barajas, y son las 20:55.

Normalmente podría definirme como un tipo que odia las encuestas, y una encuesta -odiosa coincidencia- fue la que me despertó de una de tantas siestas en este aeropuerto. La chica tenia una de esas agendas electrónicas y le preguntaba a otra chica sobre sus impresiones del lugar. Desde la señalética hasta el olor de los baños. Quise ser el próximo encuestado, si ya se que dije que odio las encuestas; pero cinco horas en un aeropuerto medio lleno, medio vacío, dependiendo de como se suceden los vuelos, hace que mis niveles de intolerancia se emparejen con los de la ductilidad. Miré buscando ser un potencial encuestado. Quise decir que los baños son un asco (que lo son), quise decir que no es posible que un aeropuerto tan grande como éste no tenga conexion a internet o que carezca de algún tipo de recreación para los idiotas que estamos en tránsito…y curiosamente, los encuestadores parecen percibir las ansias de los potenciales encuestados, y sencillamente los ignoran o acogen según sea el nivel de atención que les prestas. Sicólogos en potencia.
Daba mis últimos vistazos a los odiosos encuestadores -si, los odio nuevamente- cuando en medio de un grupo de personas surge falda verde, zapatillas de lona (argentina dije yo), y luego polerita, pequeña, ajustada. Era guapa ella, y por cierto se sentía guapa también. Actuaba para los chicos que la acompañaban. Sabía también que varios otros la observábamos. E indefectiblemente pensé en Cardenas. Por su frescura, su luz, sus colores.
Ella tampoco fue encuestada. Llamaron su vuelo, esta enfrente mio haciendo fila para abordar. Es el viento la que va a llevarla a otros aires. Quizás a ésos que deseo tener cerca pronto, recordando las 04:59 de un fin de semana de noviembre en que sentía que ya no podía ser mas feliz.

Tal cual. Naranjo, amarillo y blanco…eso es Iberia, la línea aérea que transportó a Pancho Sagredo y a mi a los increibles parajes atenienses.

avioncito.jpg

El viaje fue simplemente desastrozo (n.de la r: hubo escala en Madrid, a 12 horas de Santiago). Y digo desastrozo porque hay tres motivos escenciales que deben cumplirse para que un viaje sea agradable: uno, cuando te mueves en aviones (que no necesariamente es por placer, muchas veces por algo práctico), esperas que la máquina sea lo más cómoda posible, para que si va lleno, puedas acurrucarte de la mejor manera en tu asiento-turista-pequeño-pobre. Dos, esperas que los baños no sean ni de bus, ni de tren, ni de estadio, ni de fuente de soda. Y tres, porque adorarías encontrarte en los pasillos a sobrecargos (azafatas, aunque ellas niegan que se llamen asi), tipo Angelina Jolie, Naomi Watts, o Marcela Cárdenas (ups!)…en fin. Iberia era todo lo contrario, avión viejo que sonaba igual que tren antiguo; asientos muy incómodos y estrechos (imagínense que venia un tipo muy grande en la fila detras mio…tan mal venia que tuvieron que hacer un enroque), y lo peor de todo, sobrecargos (azafatas) tan feas y malgenios, que ganas no me faltaron de saltarme almuerzo, merienda y cena, para no verlas. Si, deben tener su lado hermoso, como todos los seres humanos que habitamos la Tierra, pero a la hora 9 de haber subido a esa chatarra, las cámaras de gases, los trenes y los ghettos no parecian tan mala idea.