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Monthly Archives: February 2005

Estoy en Florida y Sáenz Peña. Es Domingo y es Buenos Aires, pero hay en el ambiente olor a carne de cerdo a la plancha. No se entonces si estoy en la feria persa de Bío Bío, en el centro poniente de Santiago de Chile.
Para hacer más dramático el cuadro, tengo sueño. Estoy en mi etapa en que duermo poco y mal. Entonces perfectamente todo lo que veo podría ser mentira.
Hay un auto en la calle. Lo están filmando, y lo que es peor, lo van a hacer explotar. Al menos así lo menciona un señor que está cerca mío. Pero no sé si es cierto o falso. Recuerden, tengo sueño, y con sueño veo gente que no existe. Y hasta hablo con ellas.
Alguien grita algo así como “acción” y la gente inmediatamente comenzó a murmurar cosas ilegibles para mi cansado oído. Yo bostezo, y cuando lo hago cierro los ojos. Precisamente ahí es cuando escucho un rechinar de neumáticos y un gran golpe de fierros. El auto chocó.Y sólo ahí entendí que quizás no tenía tanto sueño. Mis ojos no lo vieron sin embargo, y tampoco veo ahora ni auto en llamas, ni mucho menos algún bombero apagando un incendio.
Un señor con una radio escucha que hay que repetir la escena. Mientras pone atención, unas personas que están tras unas huinchas que suponen contención, empiezan a cruzar la calle, mientras él solo atina a tomar a algunos para que no continúe la fuga.
Un tipo a mi lado empieza a hablar sobre lo serio que percibe ahora a su país y a sus políticos, y sobre lo delicioso que es el mate. Y pensé entonces que todo esto perfectamente podía ser parte de una alucinación por falta de sueño. Nadie que no sea argentino y que además sea tremendamente optimista, podría estar convencido de dos cosas tan falaces como esas. Mientras él seguía hablando di vuelta rumbo a San Telmo. Era tiempo de tratar de dormir una siesta.

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Les puedo apostar a que alguna vez se sintieron los regalones, los preferidos de alguien de su familia. Y además les apuesto a que mientras se sintieron en esa condición le sacaron el mayor provecho posible. De chicos ya desarrollamos actitudes gangsteriles y mi caso no fue la excepción.
Fui el regalón de mi abuela paterna y de una tía que hasta el día de hoy, nunca entendí exactamente porque era tía.
Cuando algún “despiadado” hermano quería pegarme por alguna travesura que sin duda había hecho, rápidamente corría al dormitorio de mi abuela. Bunker infranqueable para todo quien quisiera entrar sin la venia de la veterana. Su pieza era mi refugio, mi salvación, la acumulación de bronca de mis hermanos con “el elegido”. A cambio de tanto “maltrato sicológico”, recibía de mi protectora una moneda. Grande, plateada. Nunca entendí del todo el significado del premio por ser perseguido, pero era tan tentador ser “víctima” y al rato poder comprar algún helado, que ignoré cualquier tema valórico, si es que a los siete años podía entender alguno.
En mi caso, vivir, compartir y ser el preferido de mi abuela hizo que desarrollara y exacerbara muchas de las actitudes y comportamientos que vi desde siempre en ella.
Independencia, fortaleza de carácter (que en mi caso se ha ido disipando). Un mal genio para estudio sicológico. Pero también la capacidad para solidarizar con los que quiero y una incondicionalidad a toda prueba.
De la tía que no es tía, en cambio, tengo otras cosas
Ella nunca fue la que me protegió ni nada de eso, pero sólo como una manera de contrariar a mi abuela, con la que nunca se llevó del todo bien.
Ahora que recuerdo ella era tía de mi abuela. Mi tía abuela entonces?.
Sin duda ambas disputaban el cetro de pariente favorita entre su pléyade de sobrinos y nietos. Mi corazón siempre ha sido grande. Ambas cabían en él, sin duda.
Mi abuela Teodorinda murió el 99, a los 97 años producto de un Alzheimer maldito. Mi tía-abuela Ema, se fue el 2002, a los 107 producto de una descompensación derivada de olvidar tomar agua.
Ambas en su espacio fueron maravillosas. Y ambas de seguro están peleando por sus irreconciliables diferencias en alguna parte que nosotros aún desconocemos.

Quisiera poder decirte con el alma que esos abrazos perfectos ya olvidados por el polvo que sólo el pasado es capaz de cubrir, los extraño profundamente. También esa mirada que llevo en algunas imágenes que poseo y que tienen impregnada una mirada limpia, clara, llena de eso que tú eres, a ratos tan inalcanzable como cualquier cumbre que pueda jactarse aún de ser virgen.
Quisiera también saber el modo de eliminar de mi cabeza aquel cerebro que me traiciona y poder poner en su lugar sólo el corazón. La gran certeza que tengo en mi vida es también mi gran angustia. La de saber que ése es un escollo que ya resulta imposible vencer.
Sin embargo, así es como te quiero, quizás muy egoísta, quizás muy mía. Y ése destino del que hablaste en alguna carta llena de códigos a descifrar, es sin duda la que mejor resume todo cuanto tengo dentro, esperando el utópico dia en que sin más puedas mirarme a la cara y sencillamente digas, soy tuya.

Clarisa tiene como todo ser humano, alegrías y tristezas. Pero en su caso particular, podría decirse que de ambas tiene muchas. Una familia disfuncional (cosa que desde mi particular visión resulta envidiable); muchos y diversos hermanos, sobrinos y hasta más de una mamá. Eso, seguramente la lleva a situaciones que deben haber influido en ella. Pero a todas luces, lo dos momentos que más lleva consigo y la marcan a fuego, son la muerte de su padre hace algunos años, y la ruptura con quién podría decirse que fue el amor de su vida.
Todo esto es a modo de introducción de algo que ya en una historia anterior les conté, y que tenía que ver con un especial carácter -fuerte, pero sospechosamente quebradizo- de esta mujer, pequeña en tamaño, pero bastante grande para como la ha tratado la vida.
Mis sospechas continúan al decir que tiene tantas penas como la mayoría de quienes la rodean; pero logra hacer -una vez más- algo sencillamente notable:mostrarle al mundo una faceta diametralmente distinta. Se le ve muchas veces reflexiva, es cierto, pero sus momentos de alegría son muchos e intensos. La he visto reir y es de esas personas que lo hace con tantas ganas, que logra traspasar el espacio y el ambiente, para lograr impregnar algo de eso entre los que pueden estar a su alrededor, quizás tratando de decirle a la estirpe de perdedores que la rodeamos (aunque acá en Buenos Aires, imperceptible, creo que podría ser el único), que no es el momento para para dejarse vencer, sencillamente porque no vale la pena.
Motivos habría de sobra para verla en el suelo. Personalmente la he visto así no más de un par de veces, y tal vez ésa sea la razón (un tremendo escudo que carga con dignidad, aunque con muchísimo esfuerzo), para su tan particular manera de ser, tan extrema como su carácter, y con los consiguentes conflictos que inevitablemente debe conlllevar ser de dos maneras tan distintas a la vez.

Es un confirmado: los viernes son los días en que siento que el mundo sencillamente se rebeló conmigo, en que todos me odian y donde eventualmente algún terrorista podría venir a poner un artefacto explosivo a la mítica casa México. O es también el día en que siento con más fuerza esa sensación de que las cosas no están bien acá. Una suerte de indefensión si quieren llamarla. La vengo percibiendo los últimos cuatro viernes, y siempre responde al mismo patrón: un inicio de día notable, con energía, hasta con ganas de cambiar el mundo. Pero a medida que las horas pasan, la alegría se transforma en una profunda tristeza. Hoy sin ir mas lejos fui al centro a averiguar por un libro y ése fue el momento del desajuste. Llegué empiladísimo a Florida y Corrientes, y ya en el viaje de regreso a San Telmo venía simplemente destruido.
La verdad es que no se exactamente que pasa, pero lo que sea no me esta gustando. Voy por un Ravotril. A ver si el mundo y yo logramos reconciliarnos, en éste, otro de los malditos viernes.

Odio.
Odio sin dudarlo, la injusticia, los desequilibrios, las hipocresías que se arrastran como reflejos de inhumanidad.
Odio sin duda alguna que se juzgue sin conocer el fondo de las cosas.
Odio en ti, lo sabes, ésa manera tan particular que tienes de decirme lo idiota que soy por odiar.
Por sobre todas y cada una de las cosas que odio, en algún momento estuviste tú.
A ratos me odio a mí mismo por esa capacidad de amar, cuando muchas veces debería simplemente odiar.
Y hoy me di cuenta que a quienes amo con locura, fácilmente puedo terminar odiando.
Y eso también forma parte de mis odios.

Una de las historias de amor mas alucinantes que he escuchado
habla de una pareja de ex compañeros que se conoce en el
colegio, que quedan medio enganchados, pero en que la vida
(infame, cruel, a ratos abominable, pero excitante a mangos) los
separa por mucho tiempo. Años. Si, como lo lee.
Lo cierto es que después de aquel largo periodo, ambos se
reúnen producto de ese insano ejercicio de remover el pasado,
para hablar de los profesores, los amigos entrañables de aquella
etapa, y porqué no de esos amores truncos.
Y ese es precisamente el motivo que termina juntando de nuevo
a este par de chicos, que a vista de todo quien los viera, solo
podían decir ¨tal para cual¨. Historia notable, porque las cosas
quedaron tal y como alguna vez las dejaron, en un efecto
criogenizador que sólo las tuvo en frío durante un tiempo.
Se vieron, se encontraron con las miradas y los recuerdos,
se tocaron, rieron. Eran de esas parejas que hacen que la gente
de verdad se pregunte si el amor está en todas partes, en el aire
como decía alguna canción setentera. Y ahí estaban ellos,
obnubilados con sus pasados y presentes, queriendo quizás
construir futuro juntos. Sólo que esa vida (nuevamente artera,
despiadada, pero maravillosa y cegadora), les puso algunas
barreras. A él, un viaje, a ella un novio que sospecho nunca amo.
Y de ahí en adelante las cosas se suceden cual tragedia griega,
de esas en que los semidioses encontraban en el sacrificio de sus
cuerpos la inmortalidad que en vida les habría sido negada.
El esperó con ansias que ella sólo dijera “quédate” para dejar
todo botado, sin embargo nada de eso pasó y el, solo, con más
lagrimas de esa impotencia que únicamente logra el despecho,
emprendió viaje a su nuevo destino. Cosa curiosa fue que al
tiempo nuevamente estaban conectados, intentando rehacer las
cosas, en un ejercicio mazoquista, tratando quizás de armar un
futuro a la distancia. Se reencantaron, se quisieron una vez más.
El pasado afloró nuevamente, los colores fueron otra vez brillantes
y el viento, ése que trae siempre buenas nuevas, circuló entre
Morelia y Santiago. Pero como ésta es una historia sufrida, de
encuentros y no, es que un día sin mas, ella nuevamente dio la
puntada. Se casó con otro, pero a pesar de ello juró cariño
especial por quién la esperó y hasta quiso jugar a favor de ambos
queriendo volver sólo para estar con ella.
Pasan cosas raras con el amor. En Chile, alguien se ilusiona con su
nueva vida de señora. En México, un chico con lagrimas de corazón
destrozado escucha una canción que habla sobre como poder vivir
cuando la amada simplemente es de otro.
El amor hace cosas que la razón desconoce. Y así será por siempre.

Viajo de San Telmo a Colegiales todos los días que tengo trabajo
en la productora. Son unos ocho kilómetros que cubro en algo
más de una hora en el “colectivo” (micro) que le da el título a este
post. Y saben?. En este casi par de meses que llevo de Baires en el
cuerpo, he logrado percibir varias cosas.
La primera, es que depende si es de mañana, tarde, ida o vuelta,
el nivel de chicas guapas puede llegar a ser perturbante. Si voy
hacia Colegiales son guapísimas, seguramente porque pasamos
por el centro de Palermo, algo así como el Alonso de Córdova de
Santiago, el Soho de Nueva York o la Piata Sintagma de Atenas.
Si es de regreso a San Telmo el nivel disminuye básicamente
porque a los del casco histórico de Baires los lleva el rigor, no así
el glamour. Podría pensarse lo contrario, porque éste es un sector
que está algo así como de moda; sin embargo, la base de la
población es inmigrante, y por eso no resulta raro toparse con
paraguayos, peruanos, chinos y uno que otro chileno ladilla.
Lo central de toda esta suerte de perfil sociológico, tiene que ver
necesariamente con lo transversal que resulta este pueblo.
Mucho mas cerca están ricos y pobres al menos en el roce, en los
puntos de encuentro; en las calles se palpa fuertemente. Pero lo
más curioso (y hasta agradable), es que nadie se está fijando en la
pinta del otro, nadie está preocupado de si huele a Rexona o a Polo,
simplemente se funden, y por lo
que logro apreciar, es simplemente porque ambos extremos se
respetan. Si en Chile fuéramos así aunque fuera en una pequeña
fracción, sin duda que las cosas serían más cercanas a ese arcoiris
que nos vendieron a fines de los ochenta, y no estaríamos tan
preocupados de esas malditas brechas sociales, tan de moda en un
mundo que optó por llamarse globalizado. Un asco!.

Amo.
Amo por sobre todas las cosas, sentir que tengo la capacidad de amar.
Amo saber que al fin puedo sentirme un tipo afortunado.
Amo que me amen por cierto, pero mas amo el amor entre dos.
Amo la incondicionalidad casi idiota que desarrollo por los que amo,
y amo, aunque de manera culposa aún, todos los guiños del amor.
Soy un enamorado de la capacidad que tenemos los seres humanos
de creer que el amor mueve montañas, que puede hacernos soñar,
que nos permitre ser mejores personas.
Y amo por cierto, que se haya creado junto al amor aquel
sentimiento antagónico que irá siempre de la mano. El odio.

Y un poco Kamikaze.
Asi que:
ANDREA GONZALEZ
BEATRIZ ALGO (no recuerdo su apellido)
CAROLINA GARATE
CLAUDIA TARRAGO
YASNA MORAN
KARINA ALVAREZ
MARIA JOSE MIRANDA
MARCELA CARDENAS
PILAR SAAVEDRA

…a partir de este momento, les digo que van a estar por siempre en mi corazón, pero ya no sufriré más por ustedes.
Buenas noches.