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Category Archives: Leit Motiv

Hubo un momento en mi vida en que decidí dejar de vivir en Santiago. Planifiqué las etapas en que iba a ir cumpliendo mi desligue con la capital y reconozco que fue un 2004 movido. Renuncié al trabajo asalariado que tenia en Chilevisión y volví al régimen del freelance. Di botes en un par de productoras, y una de ésas me ofreció ir a Atenas, en un negocio que le habían logrado vender al Canal 13 con despachos diarios desde allá para marcar presencia de Teletrece en las Juegos Olímpicos. Fui de los privilegiados que vieron ganar a González y Massú, de los alucinados por estar parados en el Partenón y de los intoxicados de comer tanto Subliaki, una especie de empanada con queso de cabra. Casi un mes y medio allá, viviendo poco, trabajando mucho, pero agradecido a rabiar. A la vuelta, pude ver a Cárdenas -probablemente el amor de mi vida- antes de que se fuera también a vivir a otro país, España. Esa fue la última vez que pude reirme con ella, y la última vez también que vi sus preciosos ojos… indefectiblemente mientras hablábamos de sus planes por la península, no pude evitar recordar mis par de días en Madrid -pre y post Atenas- con las reflexiones de un pasajero en tránsito en una ciudad preciosa y que recorrí cuanto pude en las 40 horas que allí estuve.

En Santiago todo igual. Yo y mi cabeza ya pensando en Buenos Aires, imaginando en parte mi vida en el Atlántico, sin cordillera ni Cerro San Cristóbal de referencia. Si recordando las veces que estuve y en que el viento me dejó enamorado del espacio que me iba a recibir a fines de ese año.

En el camino a diciembre me topé con personas que consideraba mis amigos y que de un día para otro decidieron no serlo, porque creyeron que no apoyarlos en unas iniciativas legales que tenían en contra de otra persona, era un acto de deslealtad de mi parte. Además, otro par de personas creyeron también que lo mejor era que saliera de sus vidas por diferencias personales y que puedo entender, porque a fin de cuentas cada uno hace con su vida lo que le plazca. No niego que fueron tiempos en que sentí que me iba de Chile enojado con medio mundo, pero eso no significaba abandonar el sueño por esos temas. Soy de los que creen en el bien superior de una manera saludable y trabajo -aunque a ratos ni lo intento- por lograr ese estado de bienestar.

En medio de bajones, entrega de departamento, venta de muebles, y empaque de recuerdos, llegó un viaje por Chile, trabajo pagado por el Sernatur. La mejor manera de terminar de conocer mi país, antes de empezar a vivir en otro. Viajé desde Iquique hasta casi los inicios del Río Bío Bío. todo a bordo de una camioneta. Un viaje estresante, con un tipo estresante -y estresado-, aunque con Pilauer, la hermana del dueño de una de las productoras en que trabajé. Hicimos buenas migas y hasta hubo un rato en que la miré con ganas de pololearla. Pero como siempre pasa, no era su tipo, estaba enrollada, y nada. Final de historia archiconocida no?.

Termina el viaje y llega la Navidad, y fue rara esa Navidad porque al día siguiente me subía a un avión para dejar a mi gente en Chile. Estuve con mis viejos, abrí regalitos, compartí con mi hija, mis hermanos, mi gente. Hubo lagrimas, apretones y buenos deseos. Pero mi casa ya no era esa casa, así que debía partir, porque tenía maletas pendientes, y un sueño ad portas.

El 24 de madrugada fue escencialmente para armar equipaje. Y digo armar porque casi fue un trabajo de ingeniería. La tarea era cómo meter toda mi vida en 3 maletas. Ballestrazzi me ayudó y yo a cambio le dejé en su casa cuatro cajas con mil cachueros. Abrazos, lágrimas, pucheros en la despedida. Alvarez que me acompaña al aeropuerto y se entera en el counter de toda la plata extra que debía pagar por exceso de peso.
Un beso, un abrazo y Policía Internacional me timbraba el pasaporte. Un avión, un taxi y Casaméxico, la primera experiencia de vivir en serio en otra ciudad. La gente linda de acá, mis ángeles Prantte y Sánchez que me ayudaron a instalarme y hacerme sentir cómodo en un lugar que no lo era precisamente. Sentía que retrocedía, que llegaba a vivir no a una casa, sino a una pieza dentro de una casa. Y es fuerte. Debe ser casi como volver a la casa de los papás, porque tus planes de independencia fallaron. Pero ya estaba allí y ya era lo suficientemente grande como para tener que arreglármelas solito.

A los días y por esas casualidades de la vida, estaba editando mi primer comercial para Argentina. Un cacho de tres meses, pero por el que recibía buena paga. En medio otras cosas más, pero todas con fechas de pago muy lejanas. Mi negocio de corresponsalía de noticias para Chile falla y las lucas para vivir también. Aparecen los gestos solidarios, pero también los problemas de salud, las malas ondas, la nostalgia, la tristeza. Llega un momento en que vivir en Baires es muy complicado, porque me encuentro solo cuando lo que menos quería era estar así. Un amigo me decía en Chile que lo mejor de vivir en esta ciudad es que sí o sí me iba a terminar relacionando con una argentina, cosa que hasta el día de hoy no pasa. O sea, su teoría falló. O mejor dicho, el caballo al que apostó sus lucas (yo), no había llegado ni place en la búsqueda.

Hay un momento sin embargo en que todo empieza a cambiar. Aparece la propuesta de hacer clases en una univesidad, y aparece un trabajo alucinante en una empresa de post producción. Estaba feliz. Estaba empezando a hacer las cosas que quería hacer. Estaba contento, porque veía que esta ciudad afloraba en la manera que me la imaginaba. Generosa, con oportunidades…y así todo perfecto por un buen tiempo. Eso me hizo escribir cosas menos graves y notar que habían personas que se sentían identificadas en cierta forma con eso que un tipo como yo plasmaba en un blog en internet.
Salieron más comerciales, una cita en una website argentina, hasta una frase radial!. Si hasta el desastrozo periplo de mi primera cama me hacia reir. Todo iba bien. Aunque la soledad me estuviera medio carcomiendo.

Decido viajar a Chile, buscando reecontrarme con mis amores. Mis papás, mi hija, mis amigos. Por razones que no sé explicar del todo, puedo decir que en general ir a Santiago fue perder el tiempo con muchas de las personas que visité. Hubo tensión, risas forzadas, medio engañoso todo. Líos escolares y hasta médicos. Me fui de mi país adorando haber podido ver a la Irma y el Nelson, a la Carlita, a mis hermanos (aunque dos de ellos no hayan estado en esos días). Volví al ritual de las maletas y el aeropuerto. Y ésta vez mi papá, el que siempre rehuye de estos momentos, fue el único que me acompañó a Pudahuel. Es probable que nunca vaya a saber todo lo que lo adoré por su gesto, quizás inconsciente, quizás forzado. Pero nunca se me va a olvidar su cara pegada al vidrio de Migraciones con su mano derecha despidiéndose de su hijo. Y así llegó otro avión a mi vida. Y llegó Diciembre. Este primer día del último mes del año en que todo está desordenado en mi vida. Con enredos, penas, algunas inseguridades, y muchas torpezas marcadas en la agenda. Llego al último mes del año escribiendo de mis bajones y agradeciendo a mis padres. Y hoy que este blog cumple 100 entregas venía con algunas palabras bastante más aburridas que esto que están terminando de leer. Este es el resumen de mis casi 365 días en la Capital Federal de esta República. Todavía recuerdo el año nuevo que pasé acá, rodeado por fuegos artificiales, sentado en el borde de una cornisa y tomando sidra con la Paloma y acompañados de un par de bicharracos molestosos. Ese día a las 12 en punto deseaba que mis sueños pudieran seguir cumpliéndose. Y en parte así se han dado las cosas. Sería un malagradecido si no. Sólo que en la raya pa la suma, siento que yo también le quedé debiendo a mis propias convicciones, a mis propios sueños. Pero saben?. No me angustio. Ya viene el 2006, y con eso una nueva oportunidad para estar mejor.