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Monthly Archives: November 2005

Es fácil escribirle a los viejos a la distancia.
Lo difícil es sacarse el pudor que significa
que todo quien desee pueda ver lo que
quiero decirles.

Irma, Nelson:
Creo que esta es la primera vez en la vida en que decido escribirles a los dos. Motivos hay muchísimos, pero hay uno muy particular. Agradecer.
Soy el clásico modelo del hijo independiente; también el del perfil cascarrabias, con tendencia a la tristeza, y por cierto de esos medio culposos, algo así como de lo complicado que hay, no?. Y claro, ustedes nada tuvieron que ver en como soy. Al contrario. Recuerdo momentos increíbles en que los visualizo junto a mi. Como esa caída que terminó con 4 puntos en la ceja cuando tenia 5 años. Aún veo tu corbata ancha y la chaqueta celeste y pañuelo en el bolsillo, manchada con mi sangre, y tú subiéndome a un taxi para llevarme a la posta, papá. De ti vieja, esa mano que apretaba la mía, cuando la enfermera cosía mi tajito cerca del ojo izquierdo y el vasito de helado que me diste de premio por haber aguantado el dolor; cómo olvidar los cumpleaños con tus tortas maravillosas, o la Leche Nido que llegaba en manos del viejo todos los viernes en una bolsa de las Farmacias Ahumada. Recuerdo mi primer día de clases cuando tu mamá, me animabas a entrar a una escuela que me parecía demasiado grande y con mucha gente como para poder bancarmela sin ti. Y también los “estegosoma”, esa expresión inentendible que millones de veces escuche salir de tus labios papá, y que ya viejo finalmente logré descifrar por completo.
Podría escribir horas sobre lo que ustedes representan en mi vida. Con lo bueno y lo malo, porque finalmente de eso somos. De los llantos y las risas que ahogan de lo intensas que son. De los abrazos de año nuevo, y también de los abrazos cuando uno de nosotros se iba de este mundo…

Quizás la distancia a la que ustedes y yo nos encontramos sea complicada de acercar. Mi vida está en esta ciudad, pero no puedo evitar pensar que en algún momento los voy a tener cerca de nuevo para cuidar de ustedes y tratar de devolver en parte todo eso que me entregaron mientras pudieron.

Sé que hoy me están odiando un poco por las cagadas que me mandé en un pedazo de la vida, y por lo mismo no quisiera que pensaran que estas lineas son una especie de disculpas a la distancia. Hoy decidí terminar una carta que empecé a escribir en junio, cuando esta ciudad y alguna de su gente no me estaba haciendo pasar un buen momento. Y hoy pongo un punto suspensivo, porque sé que historias se van a seguir escribiendo entre nosotros, porque finalmente eso de la sangre no es sólo una frase hecha. Ustedes están aquí, en el rincón que pocos ocupan en mi vida, y seguramente en el lado que hace que esta aventura de vivir lejos sea mas llevadera.

Los recuerdo con las tripas y el corazón. Y si pocas veces se los demuestro, saben de sobra que cuando escuchan de mis labios un “los amo”, la expresión sale con ese apretón de guata que producen las palabras sinceras.
Estoy allá, en las fotos y en los abrazos, en esa gente que tú mamá, encuentras en la calle pensando que son tu hijo.
Estoy allá papá, porque finalmente cuando te miras al espejo ves que una parte tuya también es una parte mía.
Los llevo dentro, muy dentro. Y una vez más se los digo. Gracias. De corazón y por todo.

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Cuando tenia 8 años y mis amigos jugaban a la pelota en la plaza, yo chocaba mis autitos Majorette en una muralla; a los 13 la formación del equipo para la pichanga del domingo, me dejaba irremediablemente al arco…y hoy a los casi 31 figuro en La Bombonera viendo un partido entre Boca Juniors y Católica, por el paso a la final de un torneo que no sé ni cómo se llama. Es tan poco lo que sé de futbol que mi amigo personal Pancho Sagredo aprovechó de hacer docencia. Tanto es mi desconocimiento sobre este “arte” como le llaman, que jamás entendí -ni logré entender hoy- porqué los jugadores tienen números en sus camisetas, pudiendo tener solo su nombre, o un refrán japonés, por ejemplo.

Habían cosas realmente sorprendentes. Gente que colocaba lienzos con los colores del estadio -o eran los colores del equipo?-; venta indiscriminada de choripanes y “pati viena” (una hamburguesa NOTABLE), chicas que bailaban en el entretiempo y que por cierto eran muy guapas, y una fauna de tipos con los ojos sacados de sus cuencas gritando algo bastante ininteligible, pero que sonaba como a “a booooooca lo llevoooo en el corazooooooon”.
La gente se veía nerviosa antes de que “el juez diera el pitazo inicial”. Qué pitazo?. Yo nunca escuché un pitazo. Porque la expresión?. Y mientras busco la respuesta, la pelotita se mueve, y un grupo de personas se pone a correr detrás de ella…

lapelotita

Debo reconocerles algo. He tenido dos momentos claves en mi vida, y que me unen directamente al fútbol. El primero fue a los 10 años cuando jugaba una final de taca-taca (metegol para los argentinos), con unos amigos que vivían en el barrio. Yo les arrendaba mis juguetes, y ellos ya sin plata, me desafiaron a un partido que les permitía condonar la deuda. Fue así como al rato les pasaba por encima en el jueguito. El taca taca era mío, y la práctica me tenía convertido en un maestro Yoda, así que no fue inconveniente estar en el momento de las definiciones, con la pelota debajo de un jugador, y con claras posibilidades de anotar el “último gol gana todo”. Mis manos sudaban. La deuda era considerable, y quería hacer un buen negocio. Chuteo la pelota y el arquero no alcanza a llegar. Estaba en la gloria. La deuda original de 100 pesos ahora era de 200, y no cabía en mi de la felicidad porque iba a poder comer todos los Fonzies que quisiera… esos que dejaban los dedos naranjos. Los de queso. Saben de qué les hablo, no?.

jotes2

Una tropa de buitres queriendo comerse a las “Boquitas”, la verdadera “barra brava” de Boca Juniors.

Mi otro momento futbolístico llegó en la enseñanza media. Acepté la invitación a un partido de fútbol con mi curso, sólo para no estar en clase de educación física en el liceo, saltando cabelletes y subiendo a cuerdas interminables.
Era el blanco de las burlas por mi clara incapacidad de dominar el balón, aunque por esfuerzo no me quedaba. Corría a cuanta pelota tuviera posibilidad de llegar. Y quizás fue eso lo que generó que alguien metiera su pierna por debajo de las mías y me botara al suelo. Penal. Como el equipo en que jugaba iba ganando, todos estuvieron de acuerdo que quien pateaba iba a ser yo. Ahí pude ver la real dimensión de los arcos de fútbol. Esta era una cancha con medidas reglamentarias (que no se cuáles son, pero se veía gigante). Puse la pelotita en el punto penal y recordé algunas imágenes de penales que había visto en la tele. Caminé con tranquilidad hacia atrás, con las manos en la cintura y el rostro inmutable; había tensión en el ambiente, aunque sospechaba que era mas de burla, por la clara posibilidad que la pelota se fuera a Venus producto de mi “destreza” en el arte futbolístico. Corro para chutear, y la cabeza me dice que voy demasiado rápido, que puedo fallar, que se van a reir, que gooooooooooooool, que entró!!, que corrí, que todos corrieron tras de mi, que quise hacer esa de tirarse al pasto arrastrando la humanidad, y cuando lo hice recordé que era una cancha de tierra y me resmillé toda la cara, y casi me ahogué con mis compañeros encima…

pantalla

Pa que van al estadio, si al final ven el partido por la tele?. Incomprensible.

No, si con el fútbol tengo cero onda. Y cómo no, si mis dos momentos de gloria tras una pelotita, han terminado con dolor de guata de tanto comer mierda, y con un esguince en la muñeca derecha por un grupo de trogloditas aplastándome hasta el cansancio. Cuando recordaba esto y cuando Católica iba ganando por 2 a 1, salí del sector de prensa y fui a comerme un choripán con cebolla y tomate. Y preferí terminar de ver como en las casetas radiales casi se atoran de tanto gritar por esa pasión de multitudes, esa a la que claramente un tipo como yo, no pertenece.

Cuando estuve en Chile compartí algo de mi tiempo con una ex con la que terminamos re mal en su momento. Ahora ella es un “rostro emergente” como le gusta que le digan, porque le averguenza tremendamente reconocer que tiene pasta pa la tele. Desde que la conocí trabajó para lograr lo que se había propuesto y ese ejemplo es el mas cercano que tengo de que la perseverancia en algún momento rinde frutos; y hoy martes, mientras tengo abierto un programa de chat, entra otra ex, -con la que terminamos aún peor-, y me cuenta que la acaban de ascender a un cargo al que ella aspiraba, pero que nunca creía que iba a conseguir. Dos ejemplos en menos de un mes hicieron sonar la alarma. Sere yo señor el que no supe tolerar a la mujer adecuada?. Si, el comentario suena arribista y todo lo que quieran. Pero también es una demanda legítima cuando estás en un momento en que todo esta desordenado en tu vida y quieres algo de crédito por los resuiltados de otros, quizás buscando sostenerte de algo -ambiguo- pero algo de últimas. Pasa que estas reflexiones vienen cerca de fechas críticas, o porque vives momentos críticos. En mi caso son ambas. Las cosas se complicaron en Baires de un día para otro. Así de simple. Todo por lo que había trabajado en esta ciudad se esta yendo a la mierda por algunos problemas que arrastro desde Santiago. Y bueno, el pensamiento de las ex llegó por extensión y mal que mal, como parte del título del post.

Debo reconocer que hace rato que no pasaban cosas muuuy malas en mi vida; hace tiempo que todo estaba funcionando bastante bien para que fuera tan real. Sospecho que es la primavera (o el casi verano). El calor ya es asqueroso (34C), pero no puedo dejar de pensar que estos días son como los peores de mi llegada a Baires, esos de malditos viernes, de malas ondas y penas medio contenidas. Pero me tengo fé. De una forma que no se explicar, siento que mi vida cambió, y siento por extensión que todo lo que sentía también lo hizo (cosa que no muchos creen por cierto). Eso es precisamente lo que me motiva a creer que esta mala racha ya va a pasar. A ver si encuentro alguna novia que tenga tantas utopías como esas ex pololas, y sentir que al lado de ellas, puedo ayudar un poquito a que el ideal se materialice. Claro, esta vez con más tolerancia e inteligencia para no dejarla escapar, y de paso ser una especie de alumno que aprende a cómo cumplir algunos de esas cosas que alguien osó llamar sueños.

Como no soporto la idea de un debut frustrado, decidí volver al origen hasta lograr solucionar el puto conflicto de los comentarios y un par de fallas extras con el tamaño de tipografías y colores del site.
Apenas lo logre hacer multiplataforma (o sencillamente que funcione como debe), hago un debut 2.
Se dice que para el reestreno del sitio podría ir a tocar Pink Floyd al Valle de la Luna. Ojo con eso.

UPDATE

Ya. Solucionado (espero), los líos de compatibilidad y de comentarios. A los que no sepan como poner unas palabritas, sólo basta con hacer click sobre el título del post en que desean opinar. De ahí, siguen los pasos. Ya está testeado en los 2 mejores navegadores del mundo: funciona perfecto en Firefox y Opera. O sea, también funciona bien en el water del Explorer. La manzana y las peceras están completamente integradas.
Ahora voy saliendo al norte a ver a Pink Floyd. Se dice que los llevaría “el Pepsi Challenge”. Eso al menos me contó el amigo de un tío de un primo que los trae. Dice que es en serio. Y como yo también soy serio, voy pa allá. Cualquier cosa, aviso.
Mientras tanto -y pa que este post valga la pena- juegue a ser amo y señor del periodismo por un rato. Tómese un tiempo eso si. Puede demorar un poco en cargarse.

(Continuación)

Durante el día existió la necesidad imperiosa de tener colgado al cuello una cinta con gancho para el llavero y que decía simplemente Creamfields. El accesorio además, incluía unas tarjetitas con los horarios de los DJ´s y el lugar en que iban a estar. Eso sí, el trámite para conseguir una era asquerosamente odioso. Eché un vistazo a las interminables filas, y claramente decidí no ser un “feliz propietario”: mínimo era estar una hora y media a pleno sol. Al rato -y para felicidad del grupo que estaba en la caseta de trabajo- unas chicas de la marca de cigarrillos que auspiciaba, llegó con 25!!! de esas cosas. Todas desaparecieron, por cierto. Después supe que algunos las estaban vendiendo a 10 pesos argentinos (unos 2200 chilenos), o haciendo trueque (cambio) por alguna pastillita loca que anduviera por ahí. Y no. No era yo, ok?

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Ahí estaba Jugarte, escuchando “Smack My Bitch Up!”, pegado a la Tierra unas horas más tarde. Las pantallas llenas de publicidad, y de la emisión oficial del evento mostraban que quizás era de los pocos que estando en ese infierno del escenario principal, no estaba saltando. A mi lado, tres tipas increíblemente guapas. Todos (me incluyo) con la lengua afuera. Sólo bastó que un galán avezado le preguntara a una si bailaban juntos, y que de vuelta llegara un “no gracias” pero con voz ronca, para que las risotadas salieran por docenas. Por lejos, los tres travestis más lindos que he visto.

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Después de una hora cuarenta minutos de Prodigy, recordé que estaba en ese lugar por un trabajo y no por diversión. Quise acelerar el paso entre la gente, pero la masa lo impedía. El público estaba para otras cosas; además el vodka (y no el speed por cierto) me hacía ver todo en slow motion. Trece mil comerciales pasaron delante mío; cada uno de los que estaba ahí era un eventual protagonista con sus saltos en cámara lenta. Chicas que saltaban y cuyo sudor atrasado golpeaba sus cuerpos de vuelta; condones inflados que paseaban entre la multitud y el vocalista de un grupo que no halló nada mejor que lanzarse a la gente y que ésta lo mantuviera suspendido por segundos interminables…
Si, CreamfieldsBA estuvo muy buena. Paraguas de diversos colores que tenían también diversas razones de ser. Los rosados por tradición, los negros por si llovía y los fucsias por drogas variopintas (por lo que me contaron, yo no vi nada); ganas de zamarrearse, drogarse y engrupir a cuanta mina diera vueltas por el lugar también era un leit motiv más que válido. Reconozco que con un par de chicas hice al menos contacto visual -lo que confirma que algo de sex appeal me queda-; pero de ahí a meter conversa, olvídenlo. Claro que había gente que en su afán de conquistar a alguien a como diera lugar, terminaba como este tipo:

inflableweb

Y ya de mañana, la salida fue tan curiosa como la entrada. No había notado que ese sector estaba cerca del Rio de La Plata, y que entre las muchas curiosidades, tenía ni más ni menos que un dique seco!!!.

barquitoweb

Dentro de esas instalaciones unos 15 barcos (de la clásica lancha al buque carguero), todos en la calle de boxes, cambiando neumáticos, limpiando lo vidrios, echando bencina y revisando los niveles de aceite. Bueno, quizas exagero, pero no me pidan que a la hora que iba saliendo de allí, mis ideas fueran lo más claras que existen. Aunque les juraría que ví a un tipo cambiando bujías a un transatlántico. En serio. Créanme. Estaba sobrio, ok?. Hey!

A las 6 y veinte de la mañana del domingo estaba saliendo de CreamfieldsBA.
Y eso no seria un problema si hubiera llegado a las 2 de la mañana al lugar en que se hizo. Un terreno como ese que había en la Costanera, al lado de esos edificios feos de Vitacura, aunque unas 6 veces mas grande. Mi problema fue que tuve que llegar a las 3 de la tarde, y más encima a trabajar. Aunque les reconozco que de trabajo, así como quien llama trabajo, no había tanto. En escencia, era poner algunas cosas en orden en una compu y voilá!.

Mis oídos quedaron agotados de tanto punchi, punchi. Más si les cuento que a mi lado estaba instalado uno de los 10!!! escenarios que estaban dispersos por el lugar. La única y real motivación para estar allí, fue lo que me pagaban y que en algún momento de la noche se subía al “Main Arena” (muy siútico pa mi gusto), el grupo inglés Prodigy, que junto a Paul Oakenfold (un tipo que coloca discos y hace saltar a la gente), eran los platos fuertes de la noche.

Reconozco que en mi ya cada vez más lejana juventud tuve mis 15 minutos punchi. Claro que decidí escuchar a Underworld, los mismos Prodigy y algunas versiones mas bailables de Groove Armada, por citar nombres. Pero lo que no comparto (que tolerante que soy), es que existan tipos como Capri (Caaapri, nombre de chocolate!!!), Deep Mariano o Simbad. Mi pregunta es: el que los asesora con los nombres, se tomó 26 speed con vodka acaso?. Porque no me van a decir que los nombres son muy cool. Para nada. Es más. Rayan en la carcajada. Y más aún si el que escribe también se tomó 26 speed con vodka.

Fumé marihuana (que en el aire circulaba como una gran nube, ni siquiera fue necesario echarme un pitito a la boca); vi mujeres desnudas (que ya casi las había olvidado); mucho tipo devolviendo sus raras combinaciones al lado de los árboles, mucha mina con faldas que empezaban y terminaban en el ombligo, y mucho, pero mucho zombie pululando. Ojos muuuy abiertos, todo muuuy eufórico, todo muuuuy loco. Era mi primera vez en un evento de estas características, así que no puede evitar hacer algo de sociología mientras veía a la fauna que asiste a este tipo de fiestas. Y precisamente, mientras fijaba mi vista en los atuendos, actitudes y personajes que daban vuelta, terminé en aquel escenario central, donde un gran golpe seco anunciaba a Prodigy. Fue intimidante. El sonido retumbaba mi caja torácica, las luces me alucinaban, y el público a mi alrededor me animaba a saltar con ellos. Yo estaba pasmado. Inmóvil. Escuchar a unos tipos de verdad cantando sobre un escenario es algo que sencillamente se agradece. Con eso, ya me sentía pagado. Aunque mi trabajo (por el que realmente me estaban pagando) estuviera abandonado. Pero eso compañeros, será parte de otra historia. Ahora es momento de dormir. Hasta pronto.

Quizás de las cosas menos importantes en mi vida son precisamente de las que trata este post. Pero como el nivel de burlas fue extenso, prefiero advertir a la población que tiene la posibilidad de viajar y que permanece más de una semana en un país que no es el suyo, que tenga a bien considerar estas lineas. Sí, llevo casi un año en Baires y afortunadamente hablo tan chileno como siempre, pero no se pueden evitar ciertos modismos que resultan inmensamente cómodos. Aunque también haya otros que rayan en la cursilería. Para un chileno claro, porque para un argentino son de lo mas que hay.
Le recomiendo pues amable lector que si es chileno, vive en Buenos Aires y viaja a Santiago, JAMAS se refiera a su ordenador (sea este de escritorio o portátil), como “la compu”; mucho menos a los usuarios de la manzana que osen decir “la Mac”. Otorgarle género femenino a un instrumento escencialmente para machotes es muy mal visto en la larga y angosta faja de tierra. Las burlas a su identidad sexual (del tipo “uuuyyyyy, la coooompu”), son casi seguros.
Nunca, digo NUN-CA, utilice una expresión que acá se usa mucho, pero que en chilito es presa fácil de las risotadas burlonas. Decir “buenísimo” a algo que parece muy bueno (o sea buenísimo), de inmediato hace que las caras que están cerca suyo lo miren en actitud “y éste qué se cree”. O lo que es peor, que se tope con los mismos idiotas de la compu, pero ahora diciendo “aaaaay, bueeeniiiisimo, eeeella…”.
Como dejar de lado una expresión que usa Juan Olivares, y que tomé prestada sólo para medir reacciones. “Y sí…”, una frase que es una especie de asentimiento a un comentario de un tercero, sencillamente causa el éxtasis entre los chilenos amigos que la escucharon. El sólo pronunciarla hizo que algunos me tildaran de “el nuevo Iván Zamorano”, y otros futbolistas de los que no recuerdo el nombre, básicamente porque el fútbol está en primer lugar en mi vida, aunque en una escala inversa. Un paréntesis. A los que pregunten quién es Juan Olivares, pues debo contarles que es un chileno que también vive en tierras porteñas, un buen amigo que apareció en el camino y que entre las muchas facetas que ostenta, está la de realizador de “cortometrajes express”. Ya les contaré más de aquello.
Por último, y para que no pasen vergüenzas en sus vacaciones de fin de año, puedo decirles que las frases que pueden marcarlos a perpetuidad si es que la usan en Chile son las del tipo “vos”, “andá”, “jodete”, vení”, “dale”, y por cierto la “sos un mostro…no te mueras nunca”. El sólo pronunciarlas en la tierra de las empanadas, la chicha y el curanto en hoyo nos hace perder de inmediato la categoría de compatriotas. Y de paso podrían ganarse al coro de idiotas que dirían cosas como “aaaayyyy, daaaaale, andaaaaaaa, jodeeeete, gueooona, gaaaalla, y un etcétera que a las 2 de la mañana del miércoles ya me produjeron dolor de cabeza. Buenas noches los pastores.

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Aquí parte de mi familia. La Irma -mi madre-, el que escribe y mi hija Carlita.

Lejos la mejor que me ha pasado en un taxi.
Tuve que grabar en América, un canal de TV por cable de Capital. A la salida, un radiotaxi me estaba esperando, para hacer un viaje de 3 paradas. El camino hacia la primera, no tuvo mayor inconveniente. El calor de la ciudad fue presurosamente aplacado por el conductor, que cerró ventanillas y puso en marcha el bendito aire acondicionado. Luego de la detención y algunos asuntos que resolver, la próxima parada era en el barrio de Congreso, sobre Rivadavia. Es aquí donde el chofer comienza a poner temas de conversación -era que no- sobre los más variados temas. O al menos eso es lo que creía, porque la verdad es que entre el ruido de su auto, y el aire que estaba al máximo, me impedían escuchar que cresta decía el señor. En señal de respeto y atención a su monólogo, asentía con la cabeza y hasta abría los ojos, clásico gesto de interés y concentración. Al llegar al sector, el señor se estaciona y salgo presto a enfrentar el calor maldito de Baires, en busca de unas cintas. Ese “trámite” demoró mas de la cuenta, tanto como para que el taxista pensara que, o me había arrancado sin pagar, o que sencillamente había sido parte de un “secuestro express”. Una media hora mas tarde, mi humanidad acalorada y transpirada volvían al auto para encaminarnos finalmente hacia Casaméxico, última parada del periplo. Y es ahí donde me doy cuenta que el mundo es mucho más agradable de lo que uno quiere creer. Porque el chofer continúa la conversa, pero ésta vez, mis caras de atención realmente eran de atención; quería de verdad escuchar lo que me decía. Hasta me acerqué a él para lograr empatizar con sus ideas e intercambiar puntos de vista. Pensé que en ese vehículo estaban las respuestas a muchas dudas existenciales. Imaginé un mundo mejor después del intercambio de aspiraciones, deseos y bienaventuranzas. Creí que el hambre de Africa podría tener solución dentro de esa cabina con ruedas. Imaginé las catástrofes provocadas por la mano del hombre, claro que con soluciones concretas para reinventar el mundo… sin embargo, cuando el gesto técnico de acercar el oído para escuchar al taxista termina, toda la magia se rompe cual paleta de dulce cuando se escapa de las manos de un niño… el puto taxista no tenía dientes, y todas -TODAS- las palabras que dijo durante decenas de minutos, siempre fueron balbuceos incomprensibles para la especie humana. El sueño de cambiar el mundo simplemente se fue a la mierda. Aunque no por eso no pude evitar la carcajada mientras pagaba la carrera que por lejos ha sido la más entretenida de Buenos Aires.

El vuelo 417 que me trajo de regreso a Baires hizo su trabajo. Lágrimas en la despedida, kilos de más en la maleta, espera con música de fondo, inquietud, ansiedad, manos húmedas, presión en la espalda previo al despegue, nubes y cordillera, comida industrial, instrucciones en más de un idioma, sobrecargos medio guapas, aterrizaje con aplausos incluídos, policía internacional, timbre en el pasaporte, el taxi a casa, deshacer las maletas, conversarse un vinito y echarse a dormir. Estoy de vuelta. Si. Retomo lo olvidado, y pido disculpas por el desaire. Vienen historias. Pero ahora voy a la camita. Muchas emociones. Y pocas horas para digerirlas.