Skip navigation

Monthly Archives: January 2006

Todavía no llegaba el pedido que le hicimos al mozo y ya sabía que me irritaba su compañía. Fue en el buque que me llevaba a Colonia de Sacramento donde la divisé. Claro, ella a la distancia, mientras un vejete gay y muy trancado me hablaba de diversidad, Bachelet, educación y fotos en bolas. Sentía un zumbido en los oídos mientras la veía sentada sobre la proa del barco. Sus pies desclazos hacían juego cromático con sus manos que de tanto en tanto ordenaban su pelo, sacudido por alguna ráfaga del Río de La Plata.

Curiosamente visualicé diálogos y situaciones con ella, mientras el enfermo me hablaba de piercings en el pene. No pude evitar prendarme con su presencia. Sus ojos, los gestos de sensual despreocupación por todo lo que la rodeaba y una luz demasiado brillante, me tenían pasmado. Recordé algunas aventuras similares, con personas similares, mientras sus dientes aprisionaban aquellos labios deseables.
Me distraje intentando mantener un cierto aire de misterio, aunque claramente ella lo interpretó como el desesperado y torpe intento de equilibrarme mientras el Buquebus se balanceaba producto de algunas marejadas. No pudimos evitar intercambiar sonrisas por esa acción, y fue cuando sentí la suficiente seguridad para intentar un abordaje en las aguas atlánticas.
-El viento es demasiado uruguayo-, le dije intentando justificar mis desplazamientos en esa explanada. -Por eso, justamente es que prefiero ir sentada, dijo ella sonriendo alegre y espontánea.

El resto de la hora y media de viaje fue conversar sobre las causas que nos llevaban a viajar en barco hasta una ciudad que se puede recorrer sin ningún problema en menos de cinco horas. Ella venía de recoger unos documentos que su abuelo le había encargado; yo preguntando estúpidamente que si ella era de Migraciones, jamás le iba a confesar que estaba allí para renovar mi visa por otros tres meses. Quizás porque le di algo de pena es que sonrió tiernamente. De ahí a posar nuestros ojos sobre el faro del lugar y acariciarnos sutilmente las manos, solo pasaron unos segundos.
Le conté que mi estada iba a ser poco productiva allí, y me ofrecí a acompañarla. De vuelta recibí un si, y cierta sensación de que algo bonito podía surgir de este viaje casual.

Al llegar al puerto, nos perdimos entre la cantidad de personas que bajaban. Me metí en medio de los primeros de la fila, justamente para asegurarme de salir antes y poder divisarla entre la multitud. Agradecí al Uruguay por tenerme en sus tierras y acercarme a una de sus compatriotas. Cerré los ojos y pensé en que la época de bajones y desencantos estaba por terminarse, y se abría una nueva ventana en mi vida; a esas alturas ansiaba que los seiscientos humanos que poblaban aquella máquina bajaran antes que ella, para hacer más romántico el instante. Pensé en quedarme un día más, y hasta en arrancarme a Montevideo y despertar en medio de sábanas blancas y vientos atlánticos. Alucinaba con mi nueva fortuna, cuando a la distancia aparecía ella, de la mano con un rubio de aspecto gringo.
Gracias por la compañía, -me dijo. Me sentía medio sola mientras aparecía mi “muchito”. El miraba intentando comprender el lenguaje de estas tierras, y ella ocultaba maravillosamente bien nuestro fugaz encuentro.
Juntémonos a comer, -dijo muy relajada. Te esperamos en el restorán al final de la Avenida General Flores. Y yo, descolocado con lo bizarro del acto, asentía con la cabeza, sin notar que mi boca estaba medio abierta de la impresión.

Se besó con su hombre mientras se alejaba, y yo huía a la plaza que está cerca del pueblo. Con verguenza, aunque ya a esas alturas con una necesidad sociológica ad portas, llegué a la cita. Ella pidió un Chivito al plato, que compartió con besos y agarrones por debajo de la mesa con su noviecito. Yo me atoré con una Merluza y una botella de cerveza. Antes que el mozo trajera la cuenta, puse mi parte del total, levanté la mano y simplemente dije chao. Para lecciones de vida, entendí que ya estoy demasiado grandecito.

Advertisements

bedweb

Era Jueves cuando decidimos retomar la posibilidad que la Carla estuviera en Baires antes de las fiestas de fin de año. Y quizás porque las casualidades de la vida lo permitieron (aunque yo creo que se llama destino), finalmente mi hija terminó subiéndose a ese avión que llegó justo el 24 en la tarde. Fue una navidad rodeados casi de gente que no conocíamos. Una navidad que Valeria y Juan, casi mis hermanos en esta tierra, nos invitaron a compartir con nosotros y muchas otras personas que estaban medio solas, medio acompañadas. Hubo fuegos artificiales, hubo una cena exquisita, hubo regalos. Y ése que no venía con envoltorio, sólo con una mirada llena de vida, de deseos, de inocencia, tenía mi nombre.

Fueron 20 días maravillosos, donde siento que conocí algo más de mi hija, y ciertamente ella también algo de mi. Pude después de mucho tiempo hacer las cosas que hacen los padres con sus hijos. Abrazarse por las calles y ladrar como mascotas abandonadas, mientras otros contemplaban extrañados, conversar de las cosas importantes y de las triviales, estar en las alegrías, las pataletas, las emociones, las sorpresas. Mientras tomaba el bus desde Ezeiza a Casaméxico, venía conteniendo el apretón en la garganta y el corazón. Sentí como nunca que un pedazo de mi se estaba yendo a otra parte y que mutuamente nos estábamos desarmando. Recordé mil veces su risa despreocupada y tierna, lo hermosa y saludable que está creciendo, lo increíblemente afortunado que soy de tener la hija que tengo. Hoy no puedo evitar llorar, porque mi pieza tiene su aura y los recuerdos de tres semanas que voy a recordar el resto del año. Y por cierto voy a tener presente que a pesar de lo triste de este día gris, mi vida pudo ser tan feliz como cuando tenía 13. La Carla, mi hija, hizo que eso fuera posible.

Desde que empezó la tormenta en Baires y hasta el momento exacto en que escribo estas líneas han pasado casi 50 horas. De esas una la usamos con la Carla para ver los rayos desde un balcón en Casaméxico; otras 3 horas para salir a mojarnos con el temporal a Puerto Madero; unas 18 para dormir 3 para comer; 5 horas para navegar por internet y tan sólo 8 minutos para hablar sobre su pololo. Sí, como lo leen. La Carlita, mi pollito, mi princesa, la enana que vi el 92 morada y gordita en su cuna de hospital, la que aparece en su primera foto de colegio con los pies chuecos, la que cada vez más seguido me hace sentir una profunda pena por tenerla tan lejos, está pololeando. Hace un mes. Y con Claudio, un ex compañero del colegio.

Como todas las cosas importantes, ésta surgió por una idiotez. Mientras yo le enviaba a una amiga suya un link con fotos, la Carla le entregaba por teléfono a ella misma mi correo electrónico, no sé exactamente para qué. Al rato reviso mi cuenta y aparece una cartita de ella. Le aviso a mi hija -sin abrirla, jamás invadiría su privacidad-, y ella muy relajada me pide que se la lea. Y dentro de las muchas palabras ininteligibles que encuentro redactadas con color rosado (examos mxo, bxitu), aparece una frase que me deja pensando que todo el tiempo he sido un soberano idiota: …”pero volví con mi bebé (Daniel)”. Mi inmediata pregunta mental fue: si la amiga de la Carla habla de su “bebé”, porqué mi hija no podría tener el suyo propio?. Después de la carta y mientras preparaba un jugo, mi cabeza buscaba cómo plantear esta inquietante realidad. Formas variadas cruzaron por mis ojos. Desde las estúpidas “así que Carlita, deberíamos hablar de cosas importantes…”, hasta las torturadoras “quien es!, dónde vive!, qué ha hecho contigo!”. Al final agradezco que haya salido una muy evolucionada “así que la Naty tiene pololo. Y tu?, de casualidad también teni pololo?. Mentalmente cerré los ojos y simplemente esperé la respuesta. Un dato: lo del “balde de agua fría” es muuuy cierto. Así me sentí, justo cuando en Buenos Aires terminaban de pasar algunas nubes cargadas con agua y un poco de viento. Lo que viene después de esta “confesión” simplemente es anécdota: traté de ser un padre moderno y tomé la situación con relajo. Pregunté si su madre lo sabía, y si lo aprobaba. Y para terminar sólo le pedí dos cosas. Que fuera responsable, y que si llegaba a tener una foto del malacatoso (perdón, no pude evitar decir eso), que me la enviara. Desde hoy y más que nunca, necesito saber cómo luce aquel enano adolescente que hizo click en la cuenta de éste, el día que nunca quise que llegara.

…así es Macarena, mucha sorpresa generaron en Javier Ugarte las palabras de Matías, el novio de Rodolfo, que acaba de señalar a nuestras cámaras -y en directo- que falta una semana más para que el roomate del chileno vuelva de sus vacaciones por Asunción. Y digo sorpresa, porque el rostro de Ugarte simplemente se descolocó ante el anuncio, porque ya se creía que los cuidados de las plantas que le dejaron encargadas habían concluído. Te explico Macarena: una de las tareas que el compañero de casa de este chileno, que tiene a su hija de visita en esta ciudad, fue precisamente el mantenimiento del jardín de la vivienda. Y esta tarea que podría parecer muy sencilla, se ha transformado en todo un dolor de cabeza para el nacional, puesto que algunas plantas han cambiado de aspecto, pasando del tradicional, saludable y característico color verde, a un extraño y preocupante color café claro, síntoma que describen los especialistas como “sequedad”. El problema se agrava si se considera que agua no les ha faltado a las plantas, por lo que el proceso de fotosíntesis ha sido el apropiado, según nos han explicado especialistas en la materia. Las sospechas apuntan a que podría tratarse de alguna plaga o en el peor de los casos de un exceso del vital elemento, lo que habría perjudicado el normal desarrollo de la diversidad de especies que habitan este espacio. De todos modos debemos consignar que nuestro compatriota está empecinado en darle solución pronta a este tema, que incluso podría generarle algún tipo de represalia por lo que se consideraría una “falta de compromiso”, y que el propio chileno explica en la siguiente declaración que logramos a la salida de su hogar:

– “No quiero que Rodolfo piense que es una falta de compromiso”.

Ahí veíamos a Ugarte que se retira con escuetas declaraciones y cuyo rumbo es desconocido. Algunas fuentes sin embargo, nos indicaron que el destino sería ubicar alguna tienda especializada en la cual adquirir algunas réplicas de las especies afectadas, creando el llamado “efecto de normalidad” en el jardín para que la vuelta del dueño de casa no sea tan traumática, y con esto evitar algún eventual conflicto entre países.
Vamos a permanecer en el lugar a la espera de novedades, Macarena, y retomamos el contacto ante cualquier novedad… buenas noches.

Ayer aprendí algo nuevo. Si no pagas las cuentas, los servicios que contratas se suspenden. Bueno, eso me paso con internet. Pero ya aprendí que si vas a un centro de pago y abonas el total de la deuda, ¡¡¡el servicio funciona de nuevo!!!. Este 2006 me depara muchas sorpresas. Lean esto. Se lo robé a Podeti, y al diario Clarín. Que ladrón que soy. Ah!. Feliz año.

BALANCE CINEMATOGRÁFICO 2005 DE VIDEOS VISTOS POR LA MITAD PORQUE TE QUEDASTE DORMIDO COMO UN CERDO (Y EN EL SENTIDO AMPLIO DE LA PALABRA “MITAD”)

“Los Coristas”: Emocionante película sobre un maestro que arma un coro con niños problemáticos. Al menos eso dice la caja; en realidad la película finaliza abrupta e inexplicablemente a los quince minutos, en una parte donde el maestro conversa con el director en una oficina, sin haber llegado a armar el coro ni nada. Incluso creo que termina en la mitad de una frase. Creo que esta película hubiera sido mucho mejor si realmente hubieran aparecido en algún momento los famosos coristas del título. En fin, son esas cosas del cine europeo experimental.

“Hellboy”: Película de impresionantes efectos especiales sobre un demonio criado por los humanos durante la segunda guerra mundial. Una pena que termine abruptamente en la mitad de una escena, a los quince minutos, en la que el demonio está levantando unas pesas. El director perdió la oportunidad de contar una trepidante historia de acción y en su lugar eligió contar un drama psicológico sobre halterofilismo, que encima no tiene resolución. Una pena.

“El Expreso Polar”: Película navideña que trata de un niño que se toma un tren para visitar a Papá Noel. Animación 3D de excelente factura, aunque el guión se resiente por el hecho de que la película termina abruptamente en el minuto 32, en una parte donde el niño habla con un linyera en el techo del tren. Un final injustificable. Tampoco es muy coherente el hecho de que la película vuelva a empezar treinta minutos después, cuando tu hijo te despierta aterrorizado porque aparecen unas marionetas monstruosas. La película vuelve a terminar cinco minutos después, y vuelve a empezar cuando el niño está de vuelta en su casa y abre su regalo de Navidad (una elipsis inexplicable, que deja decenas de baches narrativos: ¿Qué pasó con el tren? ¿Apareció Papá Noel? ¿Qué hacía mi maestra de inglés de séptimo grado montada en un unicornio, aunque probablemente esto fuera parte de un sueñecito? La falta de profesionalismo de los guionistas de Hollywood asusta). Luego, termina de nuevo, pero no puedo precisar exactamente en qué parte si no que me encontré súbitamente en medio de la noche, subido a la cama con zapatos.

“Cumbres Borrascosas”: El clásico de Emily Bronté, protagonizado por Ralph Fiennes y Juliette Binoche, que llega hasta casi el final, y termina cuando el maldito del protagonista habla con una chica de algo (en medio de una frase). Es difícil hacer una crítica de esta película porque a partir del minuto veintitrés, si bien la película no termina abruptamente, como las anteriores, es como que “semi-termina”, dando toda la película la sensación de que estás viéndola a través de tus pestañas, como en un estado de modorra y ensoñación, casi de sueño. Un interesante efecto onírico que desgraciadamente conspira contra la memorización del argumento.

“Llámame Peter”: Película que narra la biografía escandalosa del comediante Peter Sellers, que termina abruptamente en una escena en la que habla con Stanley Kubrick en un auto. Un final muy poco dramático, aunque esta vez no es por culpa de los Dioses del sueño sino porque no soportamos seguir enterándonos de que nuestro actor favorito era un COMPLETO CRETINO y un DESCOMPENSADITO.

“Bob Esponja – La película”: ¿Qué pasa con los guionistas de Hollywood? ¿No les han enseñado en la escuela los conceptos básicos de principio, nudo y desenlace? A diferencia de las anteriores, a esta película lo que le falta no es el final sino el principio (este es uno de esos films donde a uno le tocó cocinar), y empieza cuando estás terminando de condimentar la ensalada y el protagonista – un animal marino, por lo que pude entender el argumento sería parecido a “Liberen a Willy” o a “Tiburon” o a “Buscando a Nemo” – ya está en medio de la aventura, que tampoco me la acuerdo bien.

“Soñar Soñar”: Un caso parecido al anterior, en este caso debido al temita del sueño, sólo que tiene principio, tiene desenlace,pero le falta la parte del medio.

“El Aviador”: Esta película directamente no tiene argumento, porque después de la cena con tintorro o sidra ni siquiera llegué a sacarla de la caja. Vuelvo a preguntar: ¿qué pasa con los guionistas de Hollywood?

“París Texas”: Tampoco.

“El Capitán Sky y el mundo del mañana”: Ídem.

“Kill Bill 2”: No.

“Vida Acuática”, “Gente de Roma”, “Cortos Franceses de 1920”, “Las trillizas de Belleville”, “Hiroshima mon Amour”: No, no, no, no, no. No.

“Million Dollar Baby”: Me temo que ni siquiera llegué a alquilarla. Es una de esas películas que uno las lleva al mostrador, hace unos visajes dubitativos y la termina devolviendo para sacar una con Ben Stiller. Y después te encontrás con un amigo de tu primo, que hace años no ves y que te cuenta que anda metido en el tema de las asambleas barriales, y te enterás que todavía hay, y decís “¡mirá vos!”, y después te vas a casa y comés guiso de arroz con pollo. Es ese tipo de película.

“Los Desconocidos de Siempre”: Este caso es GRAVÍSIMO, porque cuando la vi hace años sí que tenía rgumento y ahora ya no. Esto nos da la idea de que el cine europeo también está en decadencia, especialmente el cine europeo de hace cuarenta años.

El balance, pues, es bastante negativo, especialmente en lo que refiere a finales abruptos y ausencia total de argumento, por lo que nos preguntamos por qué el cine actual no es más temprano y antes de comer, en lo posible sin alcohol, o antes de dormir al nene. La respuesta, como siempre, la tienen las nuevas generaciones de cineastas.