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Monthly Archives: January 2005

Si, debo recomendarle al amable lector que se prepare. Ver una película en Buenos Aires no es como verla en Caracas, Timbuktu, Kiribati, ni muchos menos en las paradisíacas islas de Tuvalú (aunque no sé si los tuvalenses quieran tener un cine cerca). Porque venir a ver una película acá tiene el agregado del factor sociológico, ese que hace que los argentinos sean odiados en el 97,28% del planeta Tierra. Ellos son opinantes, muy críticos de lo que ven, muy informados de lo que pasa. El problema no radica en eso precisamente, sino en que todos estos elementos se conjugan mientras una Julia Roberts o un Clive Owen hacen su mejor esfuerzo en la pantalla gigante (y que esta vez vi particularmente gigante, porque estaba en la segunda fila del cine). Les agrego el contexto: en un arranque de locura (o en un esfuerzo desesperado por sacarme los fantasmas de la nostalgia de encima) quise ver “Closer”, película que aparece en cuanta parada de metro, calle, anuncio televisivo, y diario circule por esta ciudad. Es la clásica película que genera expectativa y que irremediablemente se convierte en éxito de taquilla.
La trama es más de lo mismo. Una adaptación moderna de las comedias de enredo inglesas de los 50. Una pareja que se conoce en la calle, se enganchan y al rato viven juntos. El mismo tipo, ya hastiado de la relación (Natalie Portman no es mi tipo, pero se ve muy guapa en la peli, como carajos hastiarse de ella!) conoce a otra chica y ambos se enganchan muchísimo. En la pasada, un juego de chat que termina con un cuarto personaje enganchándose y hasta casándose con la segunda chica, y de ahí en adelante lo mas predecible del mundo, idas y venidas entre ellos cuatro, lagrimas de un lado, gestos desesperados del otro, discusiones y diálogos variopintos…una lata en definitiva. Lo central aquí era que todas y cada una de las escenas iban acompañadas del correspondiente subtítulo, pero además del “comentario del espectador”: dos oligofrénicas “asistentes”, que intentaban descifrar in situ las personalidades de los actores y las situaciones que vivían. Las hice callar amablemente dos veces, obviamente sin resultado. Y como no andaba precisamente confrontacional, opté por taparme el oido izquierdo y terminar de ver la película con audio monofónico. Eso, sumado a mi inevitable actitud de espectador-hastiado-de-pelicula-mala, y que se traduce en dejar de ver la película y apreciar las deficiencias técnicas de la misma, hizo completar el cuadro ya bastante raro. Con mis amigos creamos “el efecto butaca”, recurso para no abandonar la sala, y sentir que gastaste tu dinero en algo productivo. Buscas los micrófonos que se colaron en el cuadro, los errores de foco, continuidad, fotografía, etc. Un ejercicio muy sano de hacer, pero para el que, en este particular caso, no era necesario pagar 12 pesos (unos 4 dólares).
En fin. La moraleja de este post es: no vaya a un cine en Argentina un sábado a las 8 de la noche, porque va a estar muy lleno, muy ruidoso, muy opinante. Y un extra: no le haga caso a todos los carteles que dicen que las películas son increíbles. Podría quedar inevitablemente en bancarrota. Y en no muy largo plazo.

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Los perfumes se suceden al paso de la multitud.
La reflexión del momento es que la soledad está llegando nuevamente.
Se siente tan fuerte como las fragancias que con premura recorren mi olfato ansioso. Ansioso de recordar, de tener, de encantar…
No es bueno estar así, pero esta tarde de verano nuboso me da una suerte de bienvenida…con pesar y hasta con un dejo de nostalgia.

Los truenos suenan distinto en Buenos Aires. Son secos, duros, nada de ceremoniosos, nada de santiaguinos.
Mientras escribo hay tormenta en esta ciudad, pero como toda tormenta de verano, no tiene frío, sólo viento caluroso y relámpagos, muchísimos, variados y por cierto fascinantes.
Pero vamos al grano: a estas alturas usted, apreciado lector, se estará preguntando que tiene que ver el título de este post con la descripción climática del lugar en que vivo. Sencillamente no hay más relación que escribir estas líneas mientras en la calle hay una intensa lluvia, que casualmente sirve como inspiración para contarles de Clarisa (nombre ficticio de LA amiga que tengo en la vida). Una amiga que merece mayúsculas porque me permite con toda confianza hablarle desde lo mal que me cae la gente en el trabajo, hasta sobre la nunca menos interesante inmortalidad del Cangrejo. Elípsis (muy necesaria a esta altura).
Clarisa aparece en mi vida cerca del 98 cuando la veo subir las escaleras de una discoteque. Ballestrazzi, testigo de aquel momento, decide abordarla, sencillamente porque queda enganchadísimo con ella. El resto es historia, salvo por un detalle: nunca voy a aceptar del todo el que ella haya confesado tiempo despues a su ex novio y casi ex amigo mio que ella jamás podría fijarse en alguien como yo. Pausa. Hay algunas cosas que puedo reconocer sin problemas en la vida. Mi mal genio, mi calvicie y hasta lo mal padre que he sido, Pero hay cosas que me resisto a aceptar. y es que algo de autoestima venia en mi modelo 74, por lo que si bien no me parezco en nada a Brad Pitt, no soy del todo despreciable.
Aquel desafortunado comentario caló tan hondo en mi que muchos años después hasta da para dedicarle mas de un párrafo en este ya confuso post. Retomo. Clarisa sin duda es una gran persona, dotada de muchas cualidades (algunas de ellas a la vista). Es de las personas que sabe mantener un público cautivo a pesar que es una chica compleja. Esto sin duda se debe a que la generaciones de después de los 80 venían con algo que nosotros habríamos pagado en oro: encanto.
Tanto de eso tiene ella, que los demás rasgos de su compleja personalidad podrían pasarse perfectamente por alto, sin embargo intento describirla con el mayor detalle posible, aunque siempre termine siendo una vision parcelada.
Aquella gran fortaleza del encanto muchas veces, es opacada por lo complejo que resulta seguirla. Para muestra un botón: del mes y días que llevo en esta ciudad hemos discutido sin problemas la mitad del tiempo, por temas tan diversos como el sabor del helado y hasta lo desagradable que le resulta trabajar conmigo.
En este punto debo decir que están tensas las cosas con Clarisa. Porque reconozco que a ratos mi personalidad de no conflictos y más de consensos, choca con su manera directa y hasta intimidante de plantear los mismos temas.
Pues bien, aquí estoy frente a un dilema. No quería hablar de esto, pero el peso de los recuerdos y situaciones que he pasado últimamente con ella, me obligan a seguir dedicándole posts. Pero de eso tendrán que esperar un rato, porque estas líneas, las del dia lluvioso y relampagueante, han llegado a su fin.

A Baires vine antes de este viaje, tres veces. Y de esas tres veces, debo haber escuchado una 47 historias de taxistas. Si, eran otros tiempos, podía viajar en taxi y creerme un burgués más de esta metrópoli. Son historias muy malas, pero no puedo dejar a mi publico (gracias, los quiero mucho), sin la posibilidad que las cuenten en sus círculos de amigos, y que a través del boca en boca (mágica medida inventada por el hombre moderno), puedan transformarse en anécdotas de vida. Veamos qué resulta:

Primera parte: Esa policía verde.

Camino de Ezeiza al centro de Buenos Aires un taxista nos contó a Cárdenas y quien escribe, de la alucinante vida de los policías. Sin duda es para hacer una serie de tv o incluso una película.
Para los que no han podido viajar a otro país (ojalá todo quien quisiera pudiera), una de las primeras cosas en que pondría atención sería en ellos. No tienen para nada la actitud circunspecta del paco chileno. Acá el policía es de los que saluda y abraza al dueño de un boliche estando en servicio. Es de los que se apoya en las murallas de la Casa Rosada, de los que se sienta en una camioneta a dormir a vista y paciencia de todo quien lo desee. Y también es de los que más está acostumbrado (después de los políticos claro) a aceptar “regalitos”, o como se diría en buen chileno, una coima, un sobresueldo, un extra.
La historia mas o menos versaba así: El hijo del taxista, un Ingeniero que llevaba una vida mas bien austera porque planeaba comprarse una casa, llega un día al departamento que arrendaban con su esposa, y se encuentra con la sorpresa que había sido literalmente saqueado. El tipo, que además de ingeniero era estúpido, tenia los ahorros de su vida casi bajo el colchón. Sumaban 8000 dólares (linda casa quería comprar, no?). El tema es que después de la denuncia oficial y tramites de rigor, se aparece por casa un tipo con cara de sospechoso, pero que le cuenta a su padre que sabe perfectamente dónde esta la plata y el resto de las cosas, pero que puede hacer el “servicio” por 2 mil verdes mas. El padre en un gesto de ofuscación y desesperación le dice a este tipo “como se te ocurre que voy a pagar 2000 dólares mas para recuperar los 8000 mil que le robaron a mi hijo” (este diálogo les pediría que lo leyeran con mucha angustia para que les traspase el sentimiento del señor). Cuento corto: éste tipo (que a todas luces era policía) quedó con cara de espanto, porque esperaba ganarse 2000 verdes por entregar información de los tipos que habían robado la casa, robo del que el además era cómplice y por el que iba a recibir una parte. pero no imaginó nunca que el robo había sido tan grande. Entonces, sabiendo que había sido ¨víctima¨ de un engaño por parte de sus “compañeros”, decide hacer justicia, e inventar un operativo para detener a sus ahora ex partners, recuperar la plata y además conseguir un ascenso. No obtuvo los verdes que quiso coimear, pero al menos resultó ser el menos imbécil de todo el grupito. Que tal?

Esta tarde salí a comprar algo para el almuerzo, cuando pensé en cómo partir este post. Y la verdad es que ideas salieron muchas y muy variadas. Desde el clásico “Quién entiende a las mujeres?”, hasta el misógino y agresivo “Así son ellas, por eso siguen lavando”. Pero creo que lo que mejor resumía lo que ahora paso a relatar es este título, porque no hay ninguna especie en la Tierra, (salvo excepciones como el Caimán de Galápagos), que haya mutado más en el tiempo, y que por lo mismo, resulte tan difícil de encasillar.
Viajaré en el tiempo para contarles como pasan las cosas: un trabajo en que intercambiaba miradas con una chica de otra sección, una fiesta a la que ambos estamos invitados y en que muchas cosas pasaron entre ambos, la decisión de vivir juntos, y tras un año exacto de convivencia, abandonarnos a nuestra suerte. Un poco vertiginoso mi resumen, sin duda, pero como ya decía mi profesor de redacción, “no es necesario llenar al lector de elementos accesorios”. El asunto es que en medio de esta relación, aparece otra chica (clásica historia), que mucho mira, pero nada consigue de mi. Hasta que esta relación anterior termina y ambos nos lanzamos en una fogosa aventura (que muchas veces terminaba con cigarrillos encendidos y cubiertos sólo por sábanas).
Eso también terminó, por causas que es mas largo de explicar, pero lo importante (y lo desastrozo a la vez) es que me entero después que mucha agua ha pasado bajo el puente, que ambas chicas que en un momento determinado se odiaron y trataron de lo peor (ante mi por cierto, nunca entre ellas), estaban saliendo juntas!!!. No, perdón, aquí hay un error de léxico que debo corregir: no es que ellas esten saliendo ni menos que hayan salido del clóset. Es algo peor: ahora las dos son amigas!!!. Como lo leen. Y comparten seguramente secretitos, risitas cómplices, pelambres variados, y uno que otro comentario acerca del ex que ambas tienen en común. No sé que pensar, porque sencillamente me parece kafkiano. Si sólo usted, amable lector, pudiera estar en mi cabeza viendo las airadas discusiones que habia por sólo mencionar a una de ellas…
No sé si tenga alguna reflexión final, ni moraleja por aprender, sólo debo decir que las mujeres cada día me desconciertan más. Las creía perfectas, incluso con sus defectos (la ropa, la escasa noción del tiempo y el espacio, por mencionar algunas). Pero después de esto sólo queda reflexionar y ver que tan malo es estar solo. O con una chica que reúna el perfil de las que nos gustan: guapas, deshinibidas y en lo posible sin amigas. Mucho pedir?

La última vez que tuve fiebre debe haber sido a eso de los seis o siete años, una época desastroza en mi vida porque no me salvé de ninguna peste, resfrío, heridas en todas y cada una de mis extremidades, y un etcétera que no vale la pena profundizar. Pero lo que me pasó solo a días de venirme a Baires si que fue extraño, por decir algo. Porque cuando chico y tienes fiebre, ves que el techo se te acerca, que de repente empieza todo a ondear, que tu cama da la impresión que estuviera montada sobre una especie de montaña rusa…pero lo que sientes de adulto cuando la fiebra es alta, si que es raro.
Después de ir de compras a la Feria Persa Bío-Bío (metamall alternativo en el corazón de Santiago) empecé a sentir esa sensación tipica de la gripe: escalofrios, dolor en todo el cuerpo, y una extraña sensación de que quieres que te acurruquen y te hagan cariño (quizas eso es sólo mío). Al rato, y sintiéndome muy, pero muy mal, UFARO que estaba presente en la escena, conversa conmigo de nuestros episodios de fiebre en la vida. Y adivinen qué: yo le cuento que mi último episodio fue a los 6 o 7 años, que la cama daba vueltas…(esto es triste, acabo de darme cuenta que tengo pocas historias de infancia!!); el asunto es que él va ducharse y lo que era una sensación desagradable, en ese momento se tranforma en escalofríos y un intenso dolor en mi pie derecho. Trato de llegar a la cama y el dolor de pie se intensifica, me arropo con cuanta cosa encuentro y de ahí en adelante pierdo conciencia de casi todo, salvo de que gritaba como idiota y pronunciaba muchas veces “patita, patita”, porque la maldita fiebre hizo que algun golpecito se transformara en una fractura expuesta o qué se yo qué cosa. Grité y grité, y nadie ayudó (cuento del lobo dirán ustedes), hasta que escuche la voz de UFARO que salió al rato de su ducha y vio este cuadro, del que pensó era alguna performance mia (habituales en esa casa). No creyó nada sino hasta que se dio cuenta que no lo escuchaba y que mis retorcijones parecían reales (esto me lo cuenta él después, yo de nada de esto tengo recuerdos). Acto seguido, avisa a 221 de mi estado, quien se encuentra en su baño haciendo un exorcismo (cagando, o yéndose de cuerpo, como le dicen en Argentina). Los dos sin saber que hacer, y yo volviendo a entender que el mundo existe y que necesito un paño húmedo en la cabeza. UFARO también lo entiende así y además decide en un acto arriesgado y digno de Indiana Jones, tomarme el pie y hacer de cuentas que me saca lo que tengo encima y que provoca mi “dolor”…curiosamente en un rato vuelvo a la Tierra. Dato al margen: el termómetro con que me tomaron la temperatura un rato antes de la crisis, marcaba 37 grados…un segundo termómetro (que se compró en el acto), marcaba, ya conmigo consciente y hablando de mi patita, 39.
Después de todo esto, y de la sensación que lo peor había pasado, llega otra crisis, que me obliga a terminar en la posta con una señora que me inyectó no se qué cosa en mi glúteo izquierdo (primer registro de pinchazo en mi vida); la fiebre baja nuevamente y hasta me siento como si nada pasara…
Tres dias mas tarde, tenía la sensación que no se iba a terminar nunca esta historia, y sólo atiné a comer arroz blanco y pollo a la plancha (ideas estúpidas que uno absorbe con el paso de los años). Al sexto dia ya estaba repuesto y comenzó el largo proceso de conjeturas sobre qué podría haber pasado en mi…fui desde la Meningitis Meningocócica hasta el Mal de Krohn, y lo más cercano por síntomas fue finalmente una Gastroenteritis. Eso lo deduje yo y Google.cl, porque los dos médicos que me vieron en la posta jamás hablaron siquera de la posibilidad de algo así. Compromiso médico que le llaman.

…nooooo, creo que en parte soy la consecuencia de la gente que me rodea. Y tanto es así que hoy decidí mientras escribía sandeces en MSN, contarles de algunos de ellos y de ahi armar, cual Robotech, al personaje tras el disfraz de Bonzo. Una consideración especial antes, eso si. Los nombres han sido cambiados. Todos sufren de hipoexposición.

Ballestrazzi: Compañero de mil batallas. Lo conocí cuando se me ocurrió entregar curriculum para trabajar en la televisión pública, creyendo que era de bien social. De eso hace ya unos 8 años. 221 es el clásico modelo noventas: tipo bien parecido, muy inteligente, y con gran llegada en el target femenino (algo tiene la sangre europea que la hace particularmente interesante hacia las chicas). Con este señor hemos compartido pegas en común (trabajar juntos en 2 lugares diferentes, haciendo mas o menos los mismo, no es sano, se los aseguro), música en común, paleta cromática común y en algun momento hasta mochilas y marcas en común. Esta manera de amistad es la que un siquiatra llamaría sencillamente, enfermedad.
Mujeres en común no hemos tenido, a pesar que los gustos se inclinan por el mismo perfil; sin embrago, y aqui está la principal complicación que el tiempo y la distancia me han generado con 221, es que creo que sospecha que tengo algo con alguien con quien él ya tuvo algo (muy complejo?). En sencillo: una ex de él que cree que está conmigo ahora. Esta tribuna me permite decirle al mundo que NO! (no, no, no, no…), NO TENGO NADA CON ELLA! (ella, ella, ella….). A pesar de todo, 221 es el amigo fiel, el que siempre ha estado al lado cuando he necesitado ayuda, ese que sé que a pesar de las disputas, los malos entendidos y los pelambres variados, va a estar ahi, sencillamente porque entiende a la perfección el significado de la palabra amigo. Y eso es algo que no todo el mundo puede decir.

Flores Urbina: Amigo por extensión de 221. Describir a UFARO es como hablar de un hermano mio, pero no en el sentido fraternal, sino porque creo que de verdad se parece a un hermano mio. UF (para abreviar), estudió lo mismo que mi grupo de “conocidos” (amigos, aunque ninguno lo reconozca asi como tal), y se dedicó tardíamente a lo mismo que la mayoría de nosotros: la televisión. UF abandonó una prometedora carrera cinematográfica, que se inició a mediados de los noventa con la cinta “Las Monjas”, en donde un grupo de discípulas del pulento tenían secretas actividades terroristas dentro de un convento tomado por grupos paramilitares. Fue una película más bien underground (entiéndase, mala), y de escasa distribución (léase fracaso). UF, a pesar de que un sector de la crítica lo destrozaba y obnubilado por el mundo del cine asi como por vista de la impresión que logró inicialmente su ópera prima en su familia, decide dar entrevistas y prometer un nuevo filme para el año siguente. Hasta el día de hoy (y de eso han pasado al menos 6 años), nadie sabe exactamente de que año estaba hablando, pero circula en el boca en boca que lo que se está preparando es digno de ser recordado en los anales de la historia del cine. Estamos atentos esperando.

Martin: Describirlo es como entrar en una maraña. Deben ser pocas las personas que conocen al hombre tras el personaje, y quienes han traspasado ese umbral, lo describen como un ser fascinante, de pensamiento libre, muy complejo, y de un gran humor…perdón, estaba pegando un texto de una entrevista a Richard Gere…uf!, no lo puedo borrar!!!…bueno, Bartleby (personaje de una pequeña gran historia literaria), es el tercer elemento de la triada de amigos. También es una persona que conocí después, y con la que el tiempo me dio grandes enseñanzas. Bart (abr), es un tipo que estuvo en el lado oscuro de la fuerza, pero que en un momento logró reinventarse y salir a flote. Es descrito por la prensa como “el eficiente asistente de dirección de…”, lo que habla de lo riguroso, y dedicado que es en su trabajo. Además de eso, es del tipo de persona con quien podrías estar hablando mucho rato de lo que fuera, porque hay materia prima de sobra. Se lee tres libros seguidos, ve películas de directores de verdad (incluído UFARO, por cierto), y es sin duda el tipo que mas sabe de trivia cinematografica. Ha estado en todos los momentos en que lo he necesitado, y goza de una voluntad y una paciencia (que más de una vez destrocé), dignas de un monje tibetano. Criticas?. Debería sonreir mas, y darse una vuelta pronto por Estados Unidos. Gran tipo.

Del resto (no muchos más en todo caso), viene en un próximo post, estén atentos.

Acá decidieron que la mejor manera de sentir más calor era creando la “sensación térmica” medida falaz para un fin no mas evidente que asumir que en esta ciudad, en verano, se pasa mal. Si, consensuemos algo: lo agradable del verano, es que las chicas se ponen faldas cortas, petos ajustados, y algunos modelos que ellas mismas usaron cuando tenían unos 10 años menos (entiéndase por eso poca tela). Pero si metemos todos los factores a una juguera, le damos algunas vueltas y lo servimos, nos damos cuenta que hay más razones para odiar el calor que para adorarlo. Este comentario puede traer cola, porque de vuelta se podría decir: “este ignorante no sabe nada de sol”, o “se nota que es el típico gordito que tiene verguenza de mostrar sus pectorales”, o “apuesto que transpira mucho y eso lo asusta”. Y la verdad es que, salvo lo de los pectorales, los motivos expuestos son bastante ciertos: no se nada de sol, y sólo se que prefiero los dias frios y con sol, la típica mañana de invierno. Así no mas.
Esta reflexión en torno al Sol y sus consecuencias en mi (que en otro capítulo feliz les cuento), hicieron alejarme del tema principal de este post y aún mas del título del mismo. Porque estas lineas estaban dedicadas a hablar sobre mi primer trabajo (sin periodista al lado), para la compañia que represento acá (suena pretencioso, pero no pueden negar que también muy importante).
Es como si hicieran unos cuarenta grados. Voy dentro de un tren, rumbo a Quilmes. Y está raro, porque es un viaje para cubrir lo que menos quería, porque también es de lo que menos sé: fútbol. La sirena sonó, el tren se mueve, una historia mas empieza.

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Quilmes es la típica localidad que vive sólo a costa de lo que más produce, en este caso la cerveza mas consumida de Argentina, y que curiosamente lleva el mismo nombre (trabajo publicitario y de creativos digno de un León de Oro). El asunto es que esa mañana, a poco andar sobre el tren, voy comprendiendo que no es bueno andar solo en una ciudad que no es precisamente un símbolo de la seguridad, que no tiene un tirano tipo Giuliani y planes Tolerancia Cero, ni mucho menos. Estamos en Argentina, y esas cosas sencillamente, no existen. Al rato de subir y luego de unas cuatro o cinco estaciones, la gente empezó a cambiar -no fisicamente, seguían siendo humanos-, la cordialidad se transformó en tensión y en ese momento dije: Chaz!, aquí uno se va a sentar al lado mío y amablemente me va a decir ÿ che, tenés alguna cosita que pueda interesarnos en ese bolso?¨(esta frase las pediría que la leyeran con cierto cantito, una imitación del español argentino). Todo lo que hice fue apretar mas la correa de la mochila con una manos sudadas entre el maldito calor húmedo de Baires y el dejo de preocupación por mi futuro cercano, y de repente sentí una luz, acompañada de una sensación de tranquilidad…el tren para, y sube una pareja de policias. El carro se mueve, los policias hablan con estos señores de mal aspecto, y recuerdo que la ley y el orden acá son sencillamente desastrozas (lean proximamente Historias de Taxi). Y bueno, así las cosas, con un grupete de potenciales asaltantes, sumado a un paranoico muerto de calor (yo), y un tren muy destartalado, aunque tremendamente eficiente, opté por relajarme y hasta decir: “si va a pasar algo, que pase”. Y saben?, parece que encontré la fórmula para que la gente no se fije en uno. Estar atento, muy atento, pero con el grado de indiferencia necesario para que no se den cuenta que estas cagado de susto. A mi me resultó, aunque con el calor que hacía dentro, perfectamente pudo ser una ilusión…no no fue ilusión, la cámara aún está aquí…creo. Voy a buscarla, no la encuentro. Mmm. Cámara?