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Cerca de Ezeiza, en un lugar llamado Martínez (algo similar a Pedro Aguirre Cerda, aunque sin hospital abandonado), quedan los estudios de Telepuy, una empresa de Telefé, que a su vez es dueña de Telemundo y otros tantos canales en América.
La introducción es necesaria, puesto que ahí fui la semana pasada para grabar unas promociones de una teleserie que va a emitir Chilevisión. Y ahí fue cómo entre pasillos, estudios calurosos y acentos mexicanos y argentinos, de pronto apareció él: su impronta es indescriptible, quizás porque en sus hombros lleva para el resto de su vida el hecho que es uno de los protagonistas de la infancia de los que tenemos más de treinta. Edgar Vivar. Ñoño, el Señor Barriga, al que el Chavo siempre recibía con un golpe, y al que Don Ramón sólo una vez le pago la renta, estaba delante de mis ojos. Y fue sencillamente impresionante.

barrigajugarte

Le cuesta caminar a este hombre de no más de un metro sesenta y cinco. Los kilos de más y un problema en sus rodillas lo tienen mal. Tiene que sentarse al terminar cada escena, a veces sencillamente no va a grabar porque siente que no puede, y cada vez que lo vi fue con un sandwich en la mano.

Nada de esos detalles sin embargo, hizo que mi encuentro con él fuera menos emocionante. No pude evitar ser el primero en saludarlo y decirle lo honrado que me sentía de poder estrechar su mano. Discurso que de seguro ha escuchado miles de veces, pero como no repetirlo una vez más, si a fin de cuentas el y su ¨vecindad¨ acompañaron mis tardes de té helado y marraqueta frente al televisior, con mi madre repitiendo hasta el cansancio que ver tele desde tan cerca iba a dejarme corto de vista…

Edgar Vivar es un tipo sencillísimo, quizás como son las verdaderas estrellas, esas que no necesitan camarín con agua mineral embotellada dos horas antes, ni tina con pétalos de rosas recien cortadas. Tal como llega, saluda, se sienta y nos habla por más de una hora y media, cuando originalmente teníamos sólo diez minutos para hacer las tomas. Un tipazo que decidió seguir trabajando en teatro, cine y teleseries porque sentía que su amor por las artes dramáticas era más grande que la fama que cosechó mientras el Chavo del Ocho existió. Ameno y cordial, me invitó a su casa para seguir la charla. Y cómo no aceptar, si finalmente cuando pase, voy a poder saber más del porqué la infancia de una generación completa fue consagrada a un grupo que lo único que hizo fue mostrarnos con humor, lo que pasa en la casa del lado.

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3 Comments

  1. ¡Guaaaa! ¡Idolo! ¿Estabas cuando la Chilindrina fue al Medianoche y Prensa se llenó de gente?

  2. obvio!!!. pero en esa época era demasiado antisocial, así que la vi, pero a la distancia, con lágrimas en los ojos. (mucho?)

  3. notable


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