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Todavía no llegaba el pedido que le hicimos al mozo y ya sabía que me irritaba su compañía. Fue en el buque que me llevaba a Colonia de Sacramento donde la divisé. Claro, ella a la distancia, mientras un vejete gay y muy trancado me hablaba de diversidad, Bachelet, educación y fotos en bolas. Sentía un zumbido en los oídos mientras la veía sentada sobre la proa del barco. Sus pies desclazos hacían juego cromático con sus manos que de tanto en tanto ordenaban su pelo, sacudido por alguna ráfaga del Río de La Plata.

Curiosamente visualicé diálogos y situaciones con ella, mientras el enfermo me hablaba de piercings en el pene. No pude evitar prendarme con su presencia. Sus ojos, los gestos de sensual despreocupación por todo lo que la rodeaba y una luz demasiado brillante, me tenían pasmado. Recordé algunas aventuras similares, con personas similares, mientras sus dientes aprisionaban aquellos labios deseables.
Me distraje intentando mantener un cierto aire de misterio, aunque claramente ella lo interpretó como el desesperado y torpe intento de equilibrarme mientras el Buquebus se balanceaba producto de algunas marejadas. No pudimos evitar intercambiar sonrisas por esa acción, y fue cuando sentí la suficiente seguridad para intentar un abordaje en las aguas atlánticas.
-El viento es demasiado uruguayo-, le dije intentando justificar mis desplazamientos en esa explanada. -Por eso, justamente es que prefiero ir sentada, dijo ella sonriendo alegre y espontánea.

El resto de la hora y media de viaje fue conversar sobre las causas que nos llevaban a viajar en barco hasta una ciudad que se puede recorrer sin ningún problema en menos de cinco horas. Ella venía de recoger unos documentos que su abuelo le había encargado; yo preguntando estúpidamente que si ella era de Migraciones, jamás le iba a confesar que estaba allí para renovar mi visa por otros tres meses. Quizás porque le di algo de pena es que sonrió tiernamente. De ahí a posar nuestros ojos sobre el faro del lugar y acariciarnos sutilmente las manos, solo pasaron unos segundos.
Le conté que mi estada iba a ser poco productiva allí, y me ofrecí a acompañarla. De vuelta recibí un si, y cierta sensación de que algo bonito podía surgir de este viaje casual.

Al llegar al puerto, nos perdimos entre la cantidad de personas que bajaban. Me metí en medio de los primeros de la fila, justamente para asegurarme de salir antes y poder divisarla entre la multitud. Agradecí al Uruguay por tenerme en sus tierras y acercarme a una de sus compatriotas. Cerré los ojos y pensé en que la época de bajones y desencantos estaba por terminarse, y se abría una nueva ventana en mi vida; a esas alturas ansiaba que los seiscientos humanos que poblaban aquella máquina bajaran antes que ella, para hacer más romántico el instante. Pensé en quedarme un día más, y hasta en arrancarme a Montevideo y despertar en medio de sábanas blancas y vientos atlánticos. Alucinaba con mi nueva fortuna, cuando a la distancia aparecía ella, de la mano con un rubio de aspecto gringo.
Gracias por la compañía, -me dijo. Me sentía medio sola mientras aparecía mi “muchito”. El miraba intentando comprender el lenguaje de estas tierras, y ella ocultaba maravillosamente bien nuestro fugaz encuentro.
Juntémonos a comer, -dijo muy relajada. Te esperamos en el restorán al final de la Avenida General Flores. Y yo, descolocado con lo bizarro del acto, asentía con la cabeza, sin notar que mi boca estaba medio abierta de la impresión.

Se besó con su hombre mientras se alejaba, y yo huía a la plaza que está cerca del pueblo. Con verguenza, aunque ya a esas alturas con una necesidad sociológica ad portas, llegué a la cita. Ella pidió un Chivito al plato, que compartió con besos y agarrones por debajo de la mesa con su noviecito. Yo me atoré con una Merluza y una botella de cerveza. Antes que el mozo trajera la cuenta, puse mi parte del total, levanté la mano y simplemente dije chao. Para lecciones de vida, entendí que ya estoy demasiado grandecito.

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7 Comments

  1. weon, ya te dije que el opio antes de dormir es medio cuatico.

  2. y si lo haces corto??
    si a Wanraich (nunca se escribio asi!) le funciona, porque no a ti?? y en una de esas la proxima es una muchachita tocandote el timbre…
    piensalo.

  3. …UF!

  4. Te iba a decir: “No has pensado en el suicidio”? pero luego pensé que la respuesta podría ser afirmativa así que lo omití XD.

    Saludos cerdo, gracias por el tourit-concejo!

  5. todo el relato me gustó, yo hice ese viaje en buquebus muy lindo, pero a la ida desde Bs As a Uruguay, muy mareada, a la vuelta, descubrí esa luz muy brillante del Río de la Plata, me pregunté si por ese resplandor plateado lehabrían puesto así… Seguro que no.
    Estás grandecito para ese tipo de lecciones, pa qué te expones?
    un abrazo

  6. Actualiza la weá poh cerdo!

    Saludos!

  7. jajajajajajaajajjajajajaajajajjajajaajajaajajajaj…..perdón!!!!. debo reconocer que la historia la encontre linda, tierna, con un final triste. muy conmovedor. Pero cuando me puse a leer los comentarios…….no pude evitar soltar una gran carcajada (tu las conoces, imaginate) solo al leer la primera…….
    En todo caso, así me gusta mierda, metiendo conversa a la primera, por si aca….total, nada se pierde.


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