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El Nokia 3220 me despertó a las 07:10, iniciando la jornada. 15 minutos más tarde, el piloto del calefón hacía un amago de funcionamiento y un chorro de agua tibia me limpiaba ubres y zobacos. A los 9 minutos, un vaso de leche La Serenísima –menos de 100 mil-, la Colgate 24 total, y dos vueltas de llave, me tenían a las 7:44, con 9 grados celcius, tomando el 152, que por 80 centavos y conducido raudamente por el chofer 1029, me llevaba al terminal de Buquebus para dirigir mis pasos a 3 horas de Buenos Aires, vía Rio de La Plata a Colonia de Sacramento.
Cuatro minutos después de bajar de un viaje de 7, hacía fila con otras 23 personas que estaban antes que mi en la única ventanilla que abierta a esa hora. El barco zarpaba a las 9, así que el rato prometía ser muy tedioso.
Pasaje, timbre, rayos x, y una doble oficina en que 1 funcionario argentino y 1 funcionario uruguayo, timbran a la vez mi pasaporte, certificando que el 17 de abril, salía de Argentina y entraba a Uruguay. Lejos, lo más raro si consideramos que ambos estaban en suelo argentino y a no más de 5 centímetros de distancia uno del otro.

A las 9 y 25 estaba sentado en el barco, tomando un café con leche de 3 pesos ($510 chilenos), y esperando en vano que la nave se moviera. Había un problema con el motor 4, y los técnicos avisaron que la reparación demoraría 1 hora y 30 minutos aproximadamente. Paciencia, paciencia, paciencia. Por suerte sólo pasaron 30 minutos y el armatoste al fin se movía, quedando entregados a una viaje de 3 horas entre ambos paises, con las sorpresas que la travesía pudiera deparar.

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La temperatura era de 17 grados cuando arribamos a Colonia. Agradecí al informe del tiempo que estuvo bastante ajustado, y salí a caminar por 1 de las 3 avenidas importantes que tiene este lugar, escencialmente turístico. Recordé el restoran en que comí en otro viaje -un exquisito pescado que decidí repetir en forma y fondo- así que caminé por General Flores hasta toparme en el número 19, el lugar en cuestión. Fue una Corvina a la mantequilla con puré y ensalada, claro que de todo aquel manjar lo principal, el pescado, era un pescado entero de 70 centímetros, adobado con lonjas de limón y tomates, por el que tuve que esperar más de 30 minutos, y del que sólo pude probar 2 bocados por la cantidad de moscas que aparecieron por el olor del ex pez.
La cuenta de El Torreón, fue de 540 pesos uruguayos, o 77!!!! pesos argentinos, lejos el más caro no-almuerzo individual que he comido en la vida, considerando que finalmente todo se limitó a las papas molidas y una ensalada de tomates con lechuga. Un bochorno.

Y como la lombriz solitaria me amenazó de muerte, dirigí unos 326 pasos hasta “La Pasiva”, una cafetería que amablemente atendida por la garzona 38, me ofreció 2 café con leche más un increíble sandwich por sólo 126 pesos uruguayos, o 18 pesos argentinos, o 3.060 pesos chilenos.
Engullí rápido, porque el barco salía de vuelta a las 17 y 30, y claro, llegué a la hora sólo para encontrarme con que el motor 4 había fallado nuevamente, y que la salida real iba a ser cerca de las 19:30. Como ya quedaba poca luz, me senté, puse play en el ipod, y dispuse el “shuffle mode” para deleitar mis oidos por espacio de 1 hora, hasta que la impaciencia me colmó, y con reclamos y caras largas, exigí subir al buque sólo para sentarme en algo más cómodo que la vereda del puerto.

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Y claro, como la historia va ya colmada de cifras casi estadísticas, puedo decirles que los 2 funcionarios de migraciones uruguayos no habían llegado, así que solo los argentinos me timbraron el pasaporte de entrada, tuve que hacer una fila de 36 perosnas para recibir mis documentos de vuelta ya legalizados, hacer otra cola, ésta vez de 80 humanos para subir al maldito Buquebus (que tiene capacidad para 1200 y volvía lleno); esperar hasta más de las 8 porque el maldito motor 4 seguía sin funcionar, hacer un viaje de vuelta con 8 grados celsius en la cubierta, porque se me ocurrió sentarme al lado de los 2 pendejos mas hinchapelotas del planeta, y llegar a las 11 y 30 de la noche a Casaméxico, para encontrar que mi futuro ex compañero de casa me había dejado una nota pidiendo que haga las gestiones para desconectar la línea telefónica y el servicio de internet -que yo contraté- antes que me vaya de la casa… No, si así se va a venir la vida con los números, mejor váyanse todos a las rechucha. Me agoté.

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2 Comments

  1. A ver, javier, cuanto sale un almuerzo bueno en baires?
    la última vez que fui (menem aun estaba sentado en el sillón) almorcé bien por $15. si me puedes recomendar un lugar asi como para anotarlo, genial.

    saludos!

    pd: barco hijo de la gran p… que la reparió…

  2. a ver. si la idea es ir a una picada donde vendan el clásico lomo (que es muy grande la verdad), más ensalada y guarnición, te gastai 25 pesos. claro, quedai ultra hiper satisfecho y sin ganas de mirar el plato de al lado (aunque si al lado hay una sueca guapa, igual miro).
    el lugar se llama “desnivel” y está en pleno san telmo, en defensa casi al llegar a independencia. ese fue el dato al día, con beatriz vicencio.


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