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Vengo del restorán Aconcagua. Queda en pleno centro de San Telmo y por poca plata se come rico. Estaba leyendo la carta cuando al señor de la barra se le ocurre cambiar de canal y poner Espn+. Craso error. Se enfrentaban Coria y Massú por el pase a cuartos de final del abierto de Estados Unidos. Ahí figuraba ya con mi plato de arroz con pollo, ensalada y agua, mientras veía y escuchaba la pasión con que los argentinos sienten el deporte. Da lo mismo si es un campeonato de rayuela, truco o la final de la copa del mundo; estos tipos son fanáticos por antonomasia, y bueno, bien por ellos.
El problema es que en ese local -cuyo nombre compartimos tan de cerca con Argentina- era el único chileno que estaba viendo como Massú subía y bajaba su nivel, mientras todo el resto, lo único que hacía era seguir alentando al acalorado de Coria que en ese momento estaba cerca de ganar el cuatro set. Reconozco que el pollo me entró con muchas complicaciones, y mientras escribo una pequeña acidez me invade; sin embargo valió la pena ver como en momentos en que el argentino parecía mas cerca de retirarse que de ganar, éstos tipos le seguían dando ánimos. En chilito le habríamos dado la extremaunción apenas lo viéramos medio flojo al medallista olímpico, y eso habla de las tremendas diferencias que tenemos con los trasandinos en lo que a fanaticada se refiere.
Además, ésta gente sabe TODO de los que se enfrentan, al punto de escucharlos varias veces hablando sobre la campaña de Massú en arcilla, de sus lesiones, y de lo peligroso que era cuando se encontraba con su juego.
Al final no pude resistir ver a mi compatriota en un bajón irreversible, a ése que tuve el privilegio de ver en Atenas aquella noche de verano, cuando se ganaba la de oro, a ese mismo que nunca supo donde cresta dejó olvidada la presea y que tenía flor de cagada en el aeropuerto de Grecia el día que viajaba a Estados Unidos para seguir jugando. No. Massú se despedía, y yo también de ese local de calle Bolívar. La improvisada barra argentina festejaba, y le daba a Coria el adjetivo de “sos grande”. Yo y mi pena contenida, pagaban la cuenta y desaparecían con el orgullo en el bolsillo. Otra vez nos habían pasado por arriba y me la tuve que bancar solito.

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One Comment

  1. Por lo menos sobreviviste a tan bochornoso momento.

    Saludos


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