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Según supe, la tormenta en Chile está pasando. Y lo supe, porque anoche se cayó el cielo en Baires, que es el receptor natural de las grandes cagadas climáticas del Pacifico. Y le comencé a dar vueltas a que la lluvia tiene un efecto especial quizás en la gran mayoría de los “humanos”: nos ponemos reflexivos, algunos melancólicos, y los más con una hipersensibilidad que dan ganas de putear a la señora del almacén porque les dio 20 gramos menos de queso. El asunto es que anoche, por primera vez, pensaba (sí, pienso!!!) en lo húmeda que se ponen las sábanas y el ambiente cuando llueve en la ciudad, algo que sale completamente de mis parámetros conocidos. Pensar cosas que tienen respuesta es algo que me pasa poco, y me gusta. Quizás los treinta al fin me están empezando a decir que es tiempo de crecer y dejar el existencialismo tal cual lo he logrado construir.

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