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Los truenos suenan distinto en Buenos Aires. Son secos, duros, nada de ceremoniosos, nada de santiaguinos.
Mientras escribo hay tormenta en esta ciudad, pero como toda tormenta de verano, no tiene frío, sólo viento caluroso y relámpagos, muchísimos, variados y por cierto fascinantes.
Pero vamos al grano: a estas alturas usted, apreciado lector, se estará preguntando que tiene que ver el título de este post con la descripción climática del lugar en que vivo. Sencillamente no hay más relación que escribir estas líneas mientras en la calle hay una intensa lluvia, que casualmente sirve como inspiración para contarles de Clarisa (nombre ficticio de LA amiga que tengo en la vida). Una amiga que merece mayúsculas porque me permite con toda confianza hablarle desde lo mal que me cae la gente en el trabajo, hasta sobre la nunca menos interesante inmortalidad del Cangrejo. Elípsis (muy necesaria a esta altura).
Clarisa aparece en mi vida cerca del 98 cuando la veo subir las escaleras de una discoteque. Ballestrazzi, testigo de aquel momento, decide abordarla, sencillamente porque queda enganchadísimo con ella. El resto es historia, salvo por un detalle: nunca voy a aceptar del todo el que ella haya confesado tiempo despues a su ex novio y casi ex amigo mio que ella jamás podría fijarse en alguien como yo. Pausa. Hay algunas cosas que puedo reconocer sin problemas en la vida. Mi mal genio, mi calvicie y hasta lo mal padre que he sido, Pero hay cosas que me resisto a aceptar. y es que algo de autoestima venia en mi modelo 74, por lo que si bien no me parezco en nada a Brad Pitt, no soy del todo despreciable.
Aquel desafortunado comentario caló tan hondo en mi que muchos años después hasta da para dedicarle mas de un párrafo en este ya confuso post. Retomo. Clarisa sin duda es una gran persona, dotada de muchas cualidades (algunas de ellas a la vista). Es de las personas que sabe mantener un público cautivo a pesar que es una chica compleja. Esto sin duda se debe a que la generaciones de después de los 80 venían con algo que nosotros habríamos pagado en oro: encanto.
Tanto de eso tiene ella, que los demás rasgos de su compleja personalidad podrían pasarse perfectamente por alto, sin embargo intento describirla con el mayor detalle posible, aunque siempre termine siendo una vision parcelada.
Aquella gran fortaleza del encanto muchas veces, es opacada por lo complejo que resulta seguirla. Para muestra un botón: del mes y días que llevo en esta ciudad hemos discutido sin problemas la mitad del tiempo, por temas tan diversos como el sabor del helado y hasta lo desagradable que le resulta trabajar conmigo.
En este punto debo decir que están tensas las cosas con Clarisa. Porque reconozco que a ratos mi personalidad de no conflictos y más de consensos, choca con su manera directa y hasta intimidante de plantear los mismos temas.
Pues bien, aquí estoy frente a un dilema. No quería hablar de esto, pero el peso de los recuerdos y situaciones que he pasado últimamente con ella, me obligan a seguir dedicándole posts. Pero de eso tendrán que esperar un rato, porque estas líneas, las del dia lluvioso y relampagueante, han llegado a su fin.

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